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INTRODUCCIÓN
Jamás una sola frase
logró ser tan expresiva como ésta. La utilizó nuestro
Rey como escudo frente a una verborrea silenciadora, y yo me permito hacerla mía para titular estas
crónicas en las que, a veces, será mejor guardar un
silencio respetuoso frente a aquellos que utilizan la
palabra como arma arrojadiza privándola así de su
función esencial: ser vía del debate y de la
confrontación de ideas; nunca mordaza para lo que los
demás tengan que decir.
Con la palabra
narraremos hechos sin entrar a descalificar personas. y
sólo cuando alguien intente silenciarnos con su ruido,
diremos, como nuestro Rey:
¡Por qué no te
callas!
Aquí empiezan mis crónicas
enloquecidas
frente a la cordura institucionalizada. A ver si así nos
encontramos a mitad de camino y empezamos a hablar como
si nos escucháramos unos a otros, sin responder a un "buenos-días"
con un "¡anda-que-tú!" |
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Resúmenes
de prensa |
CUENTO y Opino sobre LO QUE OIGO |
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¿Hay
verdadera igualdad de trato a hombres y a
mujeres...? |
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CARTA
ABIERTA
A
LA SEÑORA DUQUESA DE ALBA
(Y dos)
Mi Señora DoñaDuquesa:
Ahora sí que m’ha mata’o usted.
Con el refocilamiento que me entró a mí
ayer, cuando anunciaron su boda, no
estaba yo dispuesta para este leñazo.
Perdoneme si comienzo esta carta pasando
por alto las más elementales normas del
género epistolar, pero es que, desde que
me he enterado de que ya no hay
bodorrio, se me han caido al suelo los
palos del sombrajo, y ando yo en un
sinvivir, mientras mi legítimo,
abanico en ristre, lleva el pobretico
mío más de una hora intentando que se me
pase el torozón y el tabardillo que se
me han metido en los
entresijos en
cuantico han soltado la noticia en el
programa ese de TeleCinco que hay
después del novelón de la sobremesa.
¡Pero, mujer de
Dios! ¿No estaba usted tan bien
dispuesta a sacar la cara por sus
colegas las mujeres pasadas de fecha?
¿No andaba diciendo usted que la boda se
celebraba –un decir- por encima de su
cadáver?
¡Anda que no le
había puesto yo ilusión al asunto! Como
que, nada más oír eso de que se casaba
usted mismamente con un mozuelo enterizo
y sin madurar, fui y me dije “ésta –con
perdón por las confianzas- sí que es un
ejemplo para las mujeres que, aunque
hayamos nacido antes de tiempo, aún
estamos para echar una carrera a pelo”.
Ésta acaba de una vez para siempre con
el cirio de que en lo que tenemos que
estar las abuelillas en desuso es en los
novenarios. Y, en los ratos libres, si
las hinchazones de la artrosis lo
permiten, ponernos a tejer puntillas de
croché para la mortaja, en lugar de
tirarnos a insensateces de amoríos y
seducciones trasnochadas.
Estaba yo tan
segura de que por fin, una abuelilla iba
a redimirnos de la malquerencia de
nuestros herederos…
Porque estará usted
conmigo en que mucho hablar, mucho
hablar, pero no hay una que dé la cara y
publique a las claras que los sofocos y
las palpitaciones que a todas nos
acometen todavía no son reliquias
posmenopáusicas, sino alborotos
primaverales tardíos metidos desfases de
otoños traicioneros. Tal que como los
higos invernizos, que maduran por la
Pascua.
Porque sabrá usted,
mi SeñoraDoñaDuquesa, que las
hay que van por ahí dándole a la “muí”,
como si se fueran a comer el mundo, y
luego, ¡nada de nada!
Por ponerle un
ejemplo, ahí tiene usted a la muy
dicharachera de la ConchaVelasco,
que, cuando se cansó de los adornos
virtuales que dicen que le arrimaba su
legítimo por encima de las cejas, fue y
le dio la cuenta, lo puso en la calle, y
ella se echó a la calle y soltó aquello
de que “a mí no me gustan los hombres
de mi edad porque son muy mayores para
mí”.
¡Toma ya!, se dijo
una servidora, siempre tan crédula y tan
tontaina, mientras preparaba el
banderamen para salir en manifestación
reivindicativa de maromos sin desgastar.
¿Qué cree usted que
pasó?
Pues que casi me
dan los óleos esperando que la muy
dicharachera pasara del dicho al hecho y
empezase a lucirse en público con un
noviete que no fuera de su edad. Pero…
¡Ya, ya! Ahí tiene usted a DoñaConcha,
más Doña cada día, y cada día
menos concha.
¿Y qué me dice de
la DoñaBaronesaTissen? ¡Mucho
ruido y pocas nueces! Dar campanadas, sí
que da alguna; pero de hacer sonar
campanas de boda, tararíQueTeVi.
Que ella ya tuvo réplica y dúplica en la
vicaría y no se arriesga a que la tupan
por un tercer casorio desmejorante,
aunque la tupan por descasorios
anteriores.
¿Y de la difunta
(q. D. t. e. s. g) DoñaDuquesa-de-MedinaSidonia?
¡Más de lo mismo!
Porque, tan roja y tan echá’-p’alante
que era ella en su juventud, que hasta
estuvo en la cárcel por pensar como
pensaba y encima decirlo sin
miramientos, y, como dicen en mi pueblo,
“a la vejez, viruelas”; que después de
tantísimos años de amor del bueno con su
secretaria, no fue capaz de
matrimoniarla hasta que no se vio dando
las boqueadas y a punto de entregar la
cuchara; y de seguro que no lo hizo
antes “por el qué dirán”. O, a lo mejor,
para que no le fastidiaran con “j” las
nupcias como parece que han hecho con
usted.
Usted comprenderá
que todas esas cosas a mí me tenían
desalentada, y, -por qué no decirle- más
bien metida en desazones por lo que ayer
mismico le decía en mi carta a
DonJaimePeñafiel: que una todavía
tiene cuerpo de jota, y que se pone como
poseída cada vez que un mozo de los que
ahora se llevan le requiebra por la
espalda, antes de darse cuenta del
cuarteado de la fachada. Lo cual que
andaba yo en quebraderos de cabeza,
pensando que, como esas calenturas no
debían ser muy corrientes ni muy
normales cuando ninguna de las de mi
quinta parecía padecerlas, eché yo en
pensar en ponerme en tratamiento
intensivo de bromuro, y ya me estaba
haciendo el cuerpo a congraciarme de
nuevo con el clero, a ver si, entre cura
y cura de los de no pecar, -que dicen
que todavía quedan- encontraba un buen
exorcista que quisiera sacarme los
demonios de la impudicia de estas
hechuras en trance de fosilización, y
más rancias que el tocino añejo.
Y en esas, va
usted, con esa gracia que Dios le ha
dado en restaurarse cual cuadro de Goya
en su época de colorines, y sale
diciendo que va a casarse con un mozuelo
de aquí te espero, con varias docenas de
años menos que usted, porque, una vez
enamoradiscada, usted se pasa los
ochenta años que lleva vividos por el
forro de sus pololos para poder quitarse
los idem previa santificación de
la coyunda.
Yo,
en cuantico le oí decir que,
coincidiendo con el decenario del
hipismo del 68, iba a practicar lo de
hacer el amor por lo legal, por ser algo
más fatigoso para sus años, pero menos
pornográfico que la guerra, me eché a
buscar fotografías suyas para copiarle
el estilo, -que ya sabe usted lo
aficionada que es una a las abundancias,
a la bisutería, a los colorines y a los
perifollos encima de la cabeza, sobre
todo si alguien de su alcurnia los
ennoblece luciéndolos sin recato-. Y,
una vez acicalada, fui y me dije: Titi,
se acabaron los miedos, que ahí hay una
fémina que aún tiene lo que hay que
tener (por cierto, ¿sabe usted lo que
hay que tener, que todo el mundo lo
mienta?) para ponerse al mundo por
montera, salir al ruedo y lidiarse hasta
a los cabestros con su mejor faena y con
la solera que los siglos dan. Me pensaba
yo, DoñaDuquesa, que floreándome
a su estilo, de la manera que puede ver
en el retrato que adjunto a esta carta,
estaba dispensada de culpa carnal, y
alcanzaba licencia para refrescarme las
calores otoñales con las brisas frescas
de cualquier mozalbete que se me pusiera
a tiro, previo enamoramiento de ese que
mete en palpitaciones el costillar
izquierdo de las mujeres aunque estén
por encima los 100 años.
Entonces, cuando ya
estaba yo en disposición de arranque, va
la televisión y dice que ya no hay boda.
Que “el qué dirán” se ha convertido en
todo lo que han dicho unos y otros, y
que hasta ha habido reconvención
monárquica para meterla a usted en razón
y a mí en un ay de desesperaciones.
Y encima van y
cuentan que está usted muy triste porque
ese primor de hombre que usted ha dejado
al pie del altar como quien dice es “lo
que más quiere en el mundo”.
¿Pues sabe qué le
digo yo, SeñoraDoñaDuquesa? Que
si usted está triste, más tristes
estamos la legión de ViejasGlorias,
a las que nos ha dejado usted
tiradas cuando estábamos relamiéndonos y
a la espera de que empezara usted el
melón para poder seguir comiendo todas
de él.
Usted
tiene la culpa de que se nos hayan ido
las colores a las dos sobre el retrato
de las locuras posibles y nos hayamos
desteñido otra vez en blanco y negro.
Tal parece que lo único que nos queda de
color a las viejas es el color de las
flores del velatorio.
Pero yo no me
conformo; ya se lo digo. Fíjese usted si
no me conformo que ya he enviado un
MailMasivo a todas las que vamos
resistiendo el paso de los años sin que
se nos pase lo demás, proponiéndoles que
creemos la Asociación Femenina de
Pololos Viejos, para poder
echarnos a las barricadas, y derramar
nuestra sangre contra el enemigo de “el
qué dirán en los enamoramientos
tardíos”. Por supuesto que va a ser una
asociación sin fines lucrativos, e
incluso es posible que, con tal de
sacarle a usted y a otras tan cobardicas
como usted las castañas del fuego,
acabemos arriesgando lo poco o mucho que
a cada una de nosotras nos quede todavía
de vergüenza y buen nombre. Incluso es
posible que alguna acabe con la camisa
de las mangas largas atadas a su
espalda, cantando desaforada lo de “CabezasNevadas”
mientras se inscribe en la
cátedrambulante donde prestaban los
pololos de fiado.
Lo último que
quiero echarle en cara es haber
traicionado a sus colegas las féminas,
en este machorro partido de futbito
donde “ellos” nos están metiendo todos
los goles, sin que nadie les miente a su
madre y, encima, riéndoles la gracia
–que la tiene-.
Porque, ¿…qué me
dice usted –por tirar por lo alto- del
SeñorSultan-de-Brunei. ¿Sabe
usted cuántos años le saca a su última
legítima?
Y, ya puestos a
hacer recuento, le miento a alguno más:
JulitoIglesias, el difunto
Papuchi, el Presi de
“La Dulce Francia”; algunos de los más
destacados prebostes navieros,
fontaneros, ladrilleros, financieros y
menos financieros de “La Gentil
Castilla”; el Alcalde de…, bueno, de esa
ciudad; el parlamentario aquel de
Londres que se casó con la BienVenida…
No, si de seguro
que usted, que anda más por esos mundos
del poderío, se sabe el doble de nombres
que yo.
Y ahora sí que me
despido de usted, porque en el
tocadiscos está sonando una copla que a
mí me gusta muchísimo, y que dice:
…Yo quisiera ser
civilizado como los animaleeeeees.
¡Uy!
¡Es que me priva!
Me recuerda mucho
mi infancia en el cortijo… Cuando no
eran precisos los servicios del
mamporrero por muy vieja que fuera la
jaca si se le echaba un borriquillo
nuevo y sin mataduras.
¿Usted me entiende?
Gaviola en Marineda. En un 26 de Agosto
de 2008
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LA NOTICIA |
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Que
dicen por ahí
que la Señora Duquesa de Alba se quiere
casar con un mocetón de los que ya no quedan.

Y que dice
DonJaimePeñafiel que, a su edad, mejor lo
deja...
Que digo yo
que por qué no... |
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CARTA ABIERTA A DonJaimePeñafiel
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Mi
estimado DonJaimePeñafiel, y de
mi mayor consideración:
Vaya
por delante que lo del “Don” es por lo
de cumplir precepto de tratamiento de
bachilleres, que supongo que usted lo
es; y lo de “de mi mayor consideración”
es puro formulismo epistolar; que no
estoy yo por la labor de que, por omitir
semejante tontuna, acabe usted
reconociéndome un “pedigrí” que yo
detesto, y acabe comparándome con uno
cualquiera de mis linajudos caniches.
(Lo de el “usted” es pura cautela… Ya
sabe: como lo de aquel Decano de galaico
Colegio de Abogados que, en cualquier
portillo, siempre le cedía el paso al
Presidente de la Audiencia, dejando
dicho de antemano que lo hacía por
razones de seguridad personal para
garantizarse el no dejar peligro alguno
a retaguardia. Le digo esto, no sea que
tuteándole yo, a usted se le arrodee el
genió contra mi plebeyez y me ponga de
chupa de dómine).
Pues,
a lo que estábamos: que sabrá usted que
estaba yo leyendo hoy en El Mundo
su docta y doctoral croniquilla azul y
rosa dominguera y, de repente, se me ha
ido un repullo de padre y muy señor mío.
Parece
que lo estoy viendo. En este mismo
momento ya estará usted afilando la
punta de su lengua para decir: pero ¿se
puede saber quién es ésa que me lee en
el periódico El Mundo sin ser capaz de
entender algo de lo que tan
juiciosamente digo?
¿Ve usted? Las cosas como son;
en eso lleva usted razón.
¡No
entiendo nada!
De lo
que yo quería hablarle es de los
remilgos y los melindres que le está
usted haciendo al matrimonio de la
SeñoraDuqueda-de-Alba. Para mi
gusto, se está poniendo usted una
mi’ajilla rapituso.
Mire,
MuySeñorMío, vamos a ver: ¿quiere
usted explicarle a una servidora dónde
está sancionada la norma, o en qué
CatecismoRipalda, o en qué
Código-de-Hammurabi
está escrito que una señora metida en
años no pueda volver a casarse, y menos
con un jovenzano con más potencias que
la corona de un santo? Una tiene derecho
a enterarse del porqué de sus salmodias,
no sea que le entren antojos de incurrir
en semejantes deslices sin acabar de
saber dónde encuentra usted el desatino.
Porque, un suponer. Para no mentar a
extraños, hablemos de ElMío, que,
antes de legalizármelo, tanta trabajera
puse yo en ventilármelo por esa liturgia
del pendoneo que a usted no se le cae de
la boca.
Pongamos que el muy desconsiderado va y
la espicha, y me deja como el reverendo
DonAguirre dejó a LaSuya:
desparejada y con calenturas tercianas
extendidas por todo el cuerpo como les
sucede a “las ellas”, y no solamente al
sur del ombligo como les pasa a “los
ellos”… Y por seguir poniendo, lo cual
es mucho poner, pongamos que, en
semejante trance, se me arrima, a estas
alturas, un maromo de esos que llevan en
todavía la mocedad en la boca, y me dice
que ea, que vamos a juntar lindes, -que,
por si usted no lo sabe (aunque usted lo
sabe todo) es como se decía en mi pueblo
cuando a un alguien de presencia
primorosa lo enmaridaban mismamente con
una álguiena algo fachendosa,
pero cuyas tierras eran a las puestas
de sol como las del FelipeII. Y
luego, a la hora de…, usted ya me
entiende, apagaban la luz, y a oscuras,
se ponían a hacer chiquillos en ralea,
sin pedigrí, y más feos que pegarle a un
padre, pero más herederos que un Onassis…
Y si, encima,
-seguimos en el supuesto- el alguien
manifiesta buena disposición en
aliviarle a la álguiena las
purgaciones de la falta de coyunda
carnal a cambio de empezar el tajo por
la coyunda sacramentada, ya me dará
usted razón de por qué le pone tantos
estorbos a la sacramentalización de la
jodienda por purititas razones
cronológicas en la fecha de nacimiento
de la miembra. (Ministra
DoñaBibiana dixit y una servidora
remeda por ver si es la manera de llegar
a ministra).
No; si ya se sabe que el calendario
arruga todo en el personal, y que
aquello de “la arruga es bella” era una
fullería de las feministas para no
plancharle los calzones a sus legítimos.
¡Qué le voy a contar yo a usted que
usted no sepa! Aunque tengo para mí,
DonJaimePeñafiel de mis entretelas,
que usted lo hace por una mera cuestión
de disfunciones.
Pero, mire usted, DonJaime, hay
algo que, a lo mejor, no lo tiene usted
puesto al día, y es que las mujeres, por
muy viejas que seamos, no nos
disfuncionamos hasta que no tenemos
firmado y sellado el certificado de
defunción cerebral; y aún así… Que,
mismamente, una servidora, que sin ser
de la quinta de la SeñoraDuquesa
no le anda tan lejos, todavía se
alborota y se remueve cuando ventea el
paso de potrancos de hechuras
desenvueltas, manos delanteras finas,
grupa respingona y reluciente, corveteo
jacarandoso, corvejones bien plantados y
aparejo enjaezado y guarnecido para
remontas en condiciones y largas
cabalgaduras.
Claro que, en diciéndolo de semejante
manera, tan “a la pata la llana”, y
mentando y metiendo de por medio tales
animalerías, una se pone en el
trance de que usted le aluda todo eso
del pedigrí, lo del “serlo y parecerlo”,
lo del pelaje y lo del pendoneo
palatino, por ausencia de casta o
abundancia -¡quien no los pudiera
pillar!- de maridos periódicos puros.
Lo cual que, bien mirado, y aunque a
usted le escueza en el certificado de
pureza linajuda, eso de poder pendonear
es una ventaja, se tenga la edad que se
tenga, y se esté en una residencia para
viejos andrajosos o en un palacio ducal.
Yo, aunque me esté mal decirlo, puedo.
A usted no le voy a preguntar por puro
miramiento.
Y, en lo que hace a la SeñoraDuquesa,
yo le convidaría a usted, DonJaime,
a que le mire a la cara y me diga luego
si son las arrugas, la duquesed o
las averías octogenarias las que le
sacan a usted ese genio, y las que
debieran haberle ultimado a la Duquesa
el despropósito de creerse con derecho a
volverse a enamorar, siquiera sea por lo
que le quede de vida.
Por cierto, que si usted me lo
consiente, DonJaimePeñafiel,
beneficiándome de su confesada
liberalidad, y aprovechando que esta
carta es en abierto, y que la voy a
poner en mi escaparate particular (www)
antes de que alguien me suelte un
soberano ¡por qué no te callas!, quiero
desde ella darle un mandadico a
MiDuquesa:
Mire, Señora, usted a lo suyo: a
casarse, y a darle gusto al cuerpo a la
cobija de otro cuerpo de andar en bata y
zapatillas. Alégrele usted a ese
hombretón las pajarillas como usted sabe
hacerlo para que no tenga que meterse,
como hacen muchos, en correajes y
verdugazos, bitoques y manoseos
calculados a golpe de cronómetro,
arrumacos de diez minutos y jugueticos
de esos de usar y tirar que tanto se
llevan ahora entre la GenteBien,
para tener que acabar lamiéndose a solas
sus propios aborrecimientos cuando pasa
el espasmo sin que nadie les diga ahí te
pudras. Ya sabe usted: las mujeres somos
más tontainas, o, como dice una prima
mía que es de lo más leído, somos menos
sicalípticas y menos sinuosas. Pero a
jocundas y enamoradizas, no hay quien
nos gane. Y si somos viejas, con más
razón, porque tenemos menos tiempo que
perder y las mismas ganas de festejar y
de que nos festejen a diario sin
intermitencias ni tiempos muertos.
Usted, a juntarse con quien sea antes
que tener que verse en el atolladero del
dale-que-te-pego del gustirrinín
hurón y solitario. Que la autogestión,
además de ser pecado de los de
“y-cuántas-veces”, no está hecha
para nosotras, las viejas que aún
podemos.
Sabrá usted que Casas-de-Señoritos
hay pocas y de material de desecho.
Y las casas de Señoritas-de-CompañíaVisaOro
son todavía patrimonio de prójimos
varones que, por lo que dicen por ahí,
se ven precisados de pendonear a sus
anchas –no sé yo si a sus largas
también- a tanto la hora; porque hay que
entender que el varoneo tiene sus
dependencias, y a los pobres míos dicen
que se le agarran a las ingles
semejantes urgencias que los obliga a
los angelicos a pendejear como
buenamente pueden.
Así que, antes de que el tiempo le
apolille la lozanía del material, hágase
usted con él un buen abrigo. Yo que
usted no me lo pensaría dos veces. Algo
tendrán el mocerío que los viejos echan
en falta, cuando los veteranos tienen
que andar criticándolo para buscarse
consuelo. Le digo yo, SeñoraDuquesa,
que a mí, con perdón, entre
nosotras, y sin que quiera incomodarla,
cada vez me gusta más ser prójima
y me da más lástima de los aprietos de
los prójimos metidos en años;
porque me recuerdan a las vacas del
cortijo donde me crié; que el día que el
gañán se descuidaba en ordeñarlas, se
pasaban la noche berreando de
padecimiento como si les estuvieran
pidiendo de prestado sus chotillos a las
más jóvenes para el alivio de las ubres.
Lo de casarse a destiempo tampoco para
ellos está tan mal mirado, aunque en la
ceremonia parezcan abuelitos disfrazados
de pimpollos para la PrimeraComunión
de sus nietas. Y ellos tan orgullosos,
sin que nadie les tenga que poner en
claro cuántos años les sacan a sus
segundas o terceras legítimas, y cuánto
les cuestan el banquete nupcial. Así
que, Señora, usted hágame caso; no le
eche cuentas a la edad de su
NuevoAmor y tírese al agua de cabeza
antes de que le vacíen la alberca por
las cañerías del espiche.
Si
alguien le pone algún reparo,
SeñoraDuquesa, usted me lo factura a
mi Despacho, a ver si puedo sacarle una
pasta gansa con la disculpa de leerle de
corrido la Ley de Igualdad
de miembros y miembras, y
enseñarlo en las resultas de la
discriminación agazapada en
pedigrises, pelajes y pingajillos.
Y ya de paso, aunque sólo sea por echar
unas cuantas risas, ¿quiere usted que le
echemos cuentas al listado de
Señores-con-Pedigrí que le doblan la
edad a sus seductoras
SegundasCónyujas?
Ésta que lo es…
(¿Lo soy?)
LEY
Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la
igualdad efectiva de mujeres y hombres.
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La
Noticia |
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Julio/2008
CARTA
A UN JUEZ TONTOL’HABA
27 de Julio de 2008.
Muy
SeñoríaIlustrísima mío:
Dispénseme si principio esta carta
incomodándolo. Porque, bien pensado, tampoco a mí
acaba de encajarme lo de SeñoríaIlustrísima,
sobre todo, si se emplea en vocativo. Pero,
como no estoy yo por la labor de entrar en
discusiones con los que saben más que yo por
decreto, pues he escrito lo que he escrito, porque
no quiero que me pase con usted (¿o debo decir ConSuSeñoríaIlustrísima?) lo que con una Colega
suya, que me tiene en un ¡ay!, por apelarla “Señora”
en los juicios, cuando dice –y con razón- que hay un
Decreto que reza lo de “SeñoríaIlustrísima” tal
cual, sin meterse en pamplinas de distinguir cosas
tan pasadas de moda como los modos o las
declinaciones. Por si quiere usted más información
sobre mis cuitas con el tratamiento, no tiene más
que leer la
carta que una servidora les escribió a los del
Consejo General del Poder Judicial y comprenderá de
qué va la vaina.
Se me antoja que, para entendernos, lo mejor
será que apliquemos los formularios, los decretos y
los moldes para las cosas del Derecho, lo mismo que
ajustamos las plantillas rayadas por debajo del
papel en blanco, para no salirnos de los renglones
ni hacia arriba ni hacia abajo.
Como le iba diciendo, mucho me alegraré de
que al recibo de ésta se encuentre bien, que es
tanto como desearle que esté como estaba (al menos,
como estaba hace 48 horas) en compañía de su
familia.
Yo bien gracias a Dios.
Como comprenderá, lo de
Gracias-a-Dios
es un decir –otro decir-. Porque no es que Dios me
lo haya puesto muy fácil que digamos. Que en esta
profesión nuestra, Dios nos mete en tentaciones un
día sí y otro también, sólo por ver cuánto aguante
tenemos en la decencia o en la tontunez. Y una, -no
se crea usted- ha tenido también sus tentaciones. De
medio pelo, pero tentaciones a fin de cuentas.
Y, hablando de tontuneces, eso es de lo que
yo quería mentarle principalmente en esta carta: lo
tontísimo que me está usted resultando –y usted
perdone- si lo que publican los periódicos es
cierto.
Ayer, sin ir más lejos, un periódico, que no
se calla una, decía que mismamente usted, cuando
estaba todavía en su Juzgado, anduvo en alzarle a no
sé qué empresario muy pudientísimo unos seis u ocho
millones de euros, (millón arriba, millón abajo) a
cambio de quitarle de en medio no sé qué estorbos
legales que usted mismo le había puesto antes por
delante, en un sumario o algo así que usted andaba
en instruir, antes de que a usted le alzaran el
kiosco del Juzgado.
Hasta ahí, usted me parece un genio. Un poco
corruptillo; pero un genio.
Más tarde, cuando le apartaron de su Juzgado, ni
usted mismo se creía que iba para tan largo, y le
rebajó el precio al pudientísimo dando las
primeras muestras de tontolinez.
Finalmente, tal parece que le van a arrancar las
puñetas de la bocamanga, lo mismico que al Capitán
Dreyfus le arrancaron de la pechera el medallamen, y
le desclavaron las charreteras de los hombros, y le
rompieron el sable sin miramientos para deshonrarle
delante del gentío… Y todo por un ErrorJudicial
de los de siempre, sin mayor alcance –como casi
siempre-, pero que pasó a mayores porque un tal Zola
armó la que armó con una carta -¿o era un artículo?-
parecida a ésta, pero compuesta con mucha mala
leche, que empezaba con algo así como “Yo acuso”.
Luego hicieron una película de muchísimo llorar, que
dejó con el culo al aire a los que le armaron el
cirio judicial que lo puso en un brete.
¿Qué? ¿Se va usted recordando del asunto?
¿Usted me entiende?
Me pienso yo que sí.
Pues prosigamos. Que quería yo decirle que,
salvo tres o cuatro que le tienen a usted ojeriza, y
otros tres o cuatro que en todavía se creen que hay
que airear los cuartos cerrados para que las miasmas
no se calcifique en las paredes, andan en general
los de su carrera en plan rapituso,
diciendo que esto ya no es lo que era, y que si se
sacan los defectillos de los jueces al aire, el
personal va a pensar que todos los jueces son
igualicos.
Como yo no tengo mucho talento que digamos,
no soy yo de callarme las disipaciones y los
desafueros, vengan de quien vengan, porque en mi
sinrazón pienso que, aunque haya quien no se lo
crea, el personal no es tonto; y por muy calladico
que se mantengan las sinvergonzonerías de alguien,
yo le aseguro a usted que las cosas se saben, y el
vecindario confía más en un gremio cuanto más
limpica mantengan su casa de gremiales deshonrosos,
sin que tengan que venir los de afuera a barrerles
los escupitajos de su zaguán. Por eso es por lo que
siempre he dicho que lo mejor sería que no nos
metiéramos a tapar a los vividores bajo la disculpa
de lo que va a pensar el gentío del resto de los
colegas.
¿Sabe usted,
SeñoríaIlustrísima, lo
que pensé yo cuando leí la noticia que le refería al
principio? Pues que, con perdón, anda usted un poco
corto de luces. Vaya, que me está usted resultando
lo que le digo al comienzo de esta carta: un
tontorrón hecho a mano –y no se vaya usted por el
camino de lo escabroso, que esa frase mía no va por
ahí-; un tonto artesanal sin mezcla de listeza
alguna, un tontorrón con botijo, un miriñaque, un tontol’haba, -aunque eso de tonto del haba no sé
yo muy bien de dónde viene-.
¿Qué por qué?
¡Noooooooooooo! No se vaya usted a pensar
que es por lo que dicen que hizo, y usted anda
negando, como debe ser. Que, como usted bien sabe,
yo defiendo a mis choricillos acondicionándolos a
que nunca se confiesen culpables; que para algo está
el derecho a negar aunque la parienta (o el
pariente) pillen al contrario en pleno retozo de
jodienda.
Lo que usted haga o deje de hacer es cosa suya. A
saber lo que haríamos los demás si alguien estuviera
dispuesto a pagar el precio que cada uno le pone a
su decencia. A mí, lo más que han llegado a
ofrecerme fue un fin de semana en Cuenca, en
temporada baja, y, como comprenderá, eso, con el
frío que hace en invierno en aquellos roquedales, no
es baremo para pagar lo que a una le ha durado toda
una vida…
Bueno, a lo que vamos: cuando a mí se me
figura que usted es tontol’haba es por
haberse dejado pillar como cualquier choricillo de
fin de semana, siendo usted tan leído y opositado.
Pero, ¡hombre de Dios! ¿No se sabía usted
todas las mañas que utilizan los suyos para
empitonar chorizos? ¿Cómo es posible que haya usted
caído como cualquiera de los clientes habituales de
su Juzgado?
Claro. Usted, si llega a leer esta carta,
-que no lo creo- pensará que la tonta soy yo por
tener que seguir currándome el jamón que me como muy
de vez en cuando, y no como usted, que, como una
hormiguita hacendosa, debe tener dineros en reserva
en cualquiera de esos sitios que están tan
lejísimos, y en cantidad suficiente como para mandar
a traerse el jamón de las mejores jamonerías, y
hasta para pagar un propio que se lo lleve a dónde
esté usted –aunque acabe usted estando en alguno de
esos sitios que el Estado subvenciona con nuestros
dineros de pobres diablos con miramientos estrechos
como la conciencia de los justos.
Yo, por mi cuenta, le voy a pedir un último
favor: cuando se suba usted a estrados, -¡ay, qué
bonico estaba el otro día defendiéndose a sí mismo
como un Juez en condiciones, y no como esos
zarrapastrosos que tienen que sentarse en el
banquillo de los acusados por no haber querido
estudiar oposiciones!-, podría usted decirles a sus
colegas que no se tomen tanto brío en taparle las
vergüenzas a sus colegas.
Porque así pueden taparnos mejor la boca a nosotros,
el personal de a pié, que somos tan envidiosísimos.
Y que, como no tenemos igualdad de oportunidades –me
refiero a poder alzarle a alguien seis u ocho
millones de euros- pues lo que ansiamos es que se
sepa quién es quién para poder seguir creyendo como
pánfilos en quien no lo es.
¿Querrá usted hacerme ese favorcillo?
Y sin más que decirle, aprovecho la ocasión
para testimoniarle mis respetos –es un decir-.
Ésta que lo es y no lo olvida…
Por cierto, y hablando de no olvidar: ¿se
recuerda usted del día en que me soltó usted en
pleno juicio, y delante de todo el personal, lo de
que una Abogada, además de serlo, tiene que
parecerlo?
Yo no lo olvido. Pero, en cuestiones de utilización
de puñetas, quien manda, manda. Y se recordará
SuTodavíaSeñoríaIlustrísima que me quedé más
callada que una muerta cuando me dijo aquello de
Gaviola en Marineda. En un 28 de Julio de 2008
RAPITUSA:
Generalmente, utilizado en femenino,
decíase de una muchacha presumida,
redicha y nerviosa que respondía a
cualquier pequeña provocación con
desaires engreídos. [De mi
EXPRESIONARIO DE MÁGINA]
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LAS
DOS NOTICIAS
1ª Noticia
Sobre
DeUrquías, GómezDeLiaños,
y algunas otras puñeterías de
“Colegas”, y “coleguillas”
lenguaraces, que andan tonteando por
ahí.
*
EL
MUNDO
Lunes, 21 de Julio de 2008. Pág. 27
ANDALUCÍA
El
juez Urquía y Roca se sientan hoy en
el banquillo del TSJA.
Es el primer juicio derivado del
“caso Malaya” en el que el
fiscal pide tres años de cárcel
para cada uno por negociar una
resolución favorable al ex
asesor marbellí.
[MARTA SÁNCHEZ ESPARZA]
…La
Fiscalía superior de Andalucía
solicita tres años de cárcel, 19 de
inhabilitación y 213.000 euros de
multa para el que fuera titular del
Juzgado de Instrucción número 2 de
Marbella, encargado de instruir
diligencias de tanta envergadura
como las relacionadas con la operación
Hidalgo contra
el blanqueo de capitales.
El Fiscal relaciona en su
escrito acusatorio el comportamiento
presuntamente delictivo del juez con
la compra de una vivienda…
Según el fiscal, la amistad
que Urquía mantenía con el
empresario…
Así, el fiscal superior de
Andalucía, Jesús García Calderón,
mantiene que Roca asumió el pago en
metálico de 63.000 euros para la
vivienda de De Urquía, que había
recalado en Marbella en 2005… Roca
entregó además a De Urquía otros
10.800 euros más, hasta un total de
73.800 euros, siempre por mediación
de Arnaud.
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2ª
Noticia.
Tomada de
swissinfo.ch
>
noticias
>
internacional
>
22 de julio de 2008 -
12:47
El Tribunal de
Estrasburgo sanciona a
España por Gómez de
Liaño
MADRID (Reuters) -
España tendrá que abonar
5.000 euros al ex juez
Javier Gómez de Liaño
por violar su derecho a
un juicio justo cuando
fue condenado por el
Tribunal Supremo en
1999, informó el martes
el Tribunal Europeo de
Derechos Humanos.
El antiguo juez de la
Audiencia Nacional
instruyó una querella
contra Canal Plus y
Sogecable pero fue
denunciado por
prevaricación por varios
de sus directivos, entre
los que estaba el
entonces consejero
delegado de Sogecable,
Juan Luis Cebrián.
Gómez de Liaño acusó de
parcialidad a los tres
magistrados de la sala
del Tribunal Supremo
encargada de dictaminar
sobre su caso, al
considerar que dos
estaban "contaminados"
tras haber admitido a
trámite la querella que
confirmó su
procesamiento y que otro
guardaba una estrecha
vinculación con el
abogados que ejercía la
acusación particular.
"No tuve un juicio
justo", manifestó en
Radio Nacional de España
el ahora magistrado en
excedencia voluntaria.
La sala del Supremo le
condenó por
prevaricación, y además
fue sancionado,
inhabilitado para cargos
públicos, apartado de su
puesto y expulsado de la
carrera judicial durante
15 años.
El ex juez, de 60 años,
recurrió primero al
Tribunal Constitucional,
que en 2003 le denegó el
amparo, y luego ante el
Tribunal con sede en
Estrasburgo, por la
vulneración del derecho
a un juicio justo y a la
presunción de inocencia,
entre otras cuestiones.
El martes la corte
europea dictaminó por
unanimidad que hubo una
violación del artículo
6.1 del Convenio Europeo
de Derechos Humanos
sobre el derecho a ser
juzgado por un tribunal
independiente e
imparcial, concediendo a
Gómez de Liaño una
compensación de 5.000
euros.
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PERRO NO COME
CARNE DE
PERRO
Ver el texto
de la noticia
Pero, vamos a ver,
SeñorFiscalSuperior de Andalucía: ¿No habíamos quedado
en que los trapos sucios se lavaban
en casa y no se solean por muchas
pringues, mugres y salpicaduras que
tuvieran? Pues a ver: ¿qué hace
usted enseñándole al personal las
miserias de un ColeguillaPuñetero?
¿No habíamos quedado en que perro no
come carne de perro?
Pues, ¿qué hace usted dando
tarascadas a diestro y siniestro,
abriéndole las carnes a uno del
oficio de las jurisprudencias?
¿O
acaso es que se ha abierto la
veda del jurista desde aquello de lo
de Gómez de Liaño y l@s PuñeterasSeñorías que lo
juzgaron como Dios les dio a
entender a las criaturas?
Pero, ¿no está su merced viendo lo
que pasa cuando uno modernea con esa
señora bisoja y cegata llamada
“Justicia”? ¿Qué qué pasa? Pues que
ahora vienen otras SeñoríasEuropeas a enseñarnos a
nosotros lo que tenemos que hacer,
como si en este País nuestro
siguiéramos sin saber dónde tenemos
la mano derecha.
Y ¡hala! Todos en los papeles como
si fuéramos LaBellaChelito aireando perniles…
¡Ay, señor! Usted lo que no
tiene es ni sentido de la lealtad
gremial, ni escrúpulo corporativo ni
apego profesional. Porque ya me dirá
usted lo que saca en limpio poniendo
en sucio el nombre de ese angelico
de Juez que lo único que ha hecho ha
sido lo mismo que hacen muchos,
pero que no se sabe, porque no
conviene en todavía sacarlo a
relucir, y se guarda en los armarios
desconcienciados como
vestido de becaria-de-CasaBlanca
amalgamado de un muy ilustre
EspermaPresidencial. O lo
mismo que mismamente se hacía antes,
cuando los del gremio éramos lo que
se debía ser, y no nos metíamos a
ventear malandanzas del vecindario
profesional aunque se
nos atragantara en la boca del
estómago un no sé qué de sonrojo
ajeno. O lo mismo que harían muchos
si no tuvieran tanto miedo a que
salga alguien como usted y le
arruine la vida y lo remita a la trena certificado y con acuse de
recibo.
Claro que, hablando de
la
trena, quiero yo referirle algo
que ya tengo contado mil veces, pero
que, allá por finales de los años 70
del siglo pasado, me metió a mí en
dudas sobre los valores
tradicionales y esas zarandajas que
por entonces nos enseñaban.
Un cliente mío, muy extranjerísimo
él por más señas, que había recalado
en España a ver si eso de la
democracia recién estrenada le
abría puertas para sus rentables
negocios del trae-y-lleva mercancía
de fumeteo desde las costas
marroquíes a las andaluzas, era
quien me mantenía con un poco de
dignidad mi ropero, mi despensa y
las medias suelas de mis zapatos que
todavía se echaban por aquellos
tiempos a falta de borceguíes de
importación; no como ahora, con el
despilfarro y el capricheo.
Bueno, a lo que íbamos: que cuando
le echaron mano, a mí me entraron
las calenturas tercianas pensando
que el pobretico mío se iba a
pasar unos cuantos meses entre
rejas, con el desdoro que eso
-pensaba yo- tenía que suponer para
él, y el quebranto económico para
mí, (que todo hay que decirlo).
Fui yo a visitarlo a aquella
cárcel que más parecía un mercadillo
medieval de mejunjes y papelinas que
un centro-de-reinserción, y
me vestí para la ocasión de manera
que se notara mi desconsuelo a la
primera ojeada. O sea, con el único
atuendo que tenía un poco decente.
No lo va usted a creer. Me encontré
al preso pletórico, pensando que, al
menos durante una temporada, podría
vivir con cargo al presupuesto de un
Estado… (¡Eso mismo: de usted, a
quien
la HaciendaPública lo tiene
agarrado por las ingles de su nómina
oficial, y de mí que me sale "a
devolver" por no tener salario
fijo!). Me decía él que por fin
sería su mozuela la que fuera
a verlo en lugar de tener él que
molestarse en el visiteo; y que yo,
como Abogada suya, o estaba ahora
más “al loro” que teniéndome que
compartir con mi –por otra parte-
escasa clientela de las tardes de
visita en mi despacho de a 2.000
pelas/mes, o no me decía dónde tenía
el FondoDeReserva para casos
de IncapacidadTransitoria.
-¡Ay, cómo lo siento! –dije con
desconfianza a ver por dónde salía
el personaje.
-¿Sentirlo? ¿Y por qué, si puede
saberse?
-¡Ay! –repetí sin acabar de
encontrar otra queja más expresiva-.
Pues porque cuando se enteren sus
amigos, su familia…, en fin, eso:
que vaya vergüenza para todos…
-¿Vergüenza? Mire usted,
Doña,
esto, para un contrabandista
‑¡manda buebos, que diría DonTrillo, la denominación que
se daba mi traficante de haschís!-
es un simple AccidenteLaboral,
como el de cualquier profesión.
Además –y aquí viene la anécdota- si
se fija usted un poco, Doña,
en este país, según lo que sale en
los periódicos, el personal se
divide en tres clases: los que
estuvieron en la cárcel, los que
están y los que estarán.
Por si no lo sabe usted,
SeñorFiscalSuperior-de-Andalucía,
por aquellos entonces estaban
los SeñoresPolíticos como
desaforados, poniendo encima de la
mesa las órdenes de prisión de tres
generaciones de represaliados y
esas cosas. Es cuestión de modas. Lo
mismico que ahora, que todos andan a
vueltas con MemoriasHistóricas,
buscándose cadáveres con semejanza
de adeenes, ya sea en
Paracuellos, ya en cualquier tapia
de cementerio de PuebloRojo
del 36.
Pues, lo que le decía: ¡Que qué
razón tenía mi benefactor cliente!
¿No le parece a usted, SeñorFiscalSuperior?
Porque, ¿quién nos iba a decir a
nosotros hace no más allá de quince
años atrás que un Juez podía ir a la
cárcel por el solo hecho de compatir
beneficios con sus pudientes
bienhechores a cambio de
bienhacerles algún favorcillo que
otro desde estrados?
¿O a usted no le han hecho ningún
favor…?
¿Ni siquiera una recomendación para
aprobar la reválida de sexto o el
examen de Estado?
¡Ay, usted perdone! No me había yo
percatado de que no tiene edad para
tales menesteres. Que ésos eran
otros cohechos a la usanza de
entonces y sin mayor alcance.
Lo que le digo: que uno nunca puede
estar seguro de su pasado, o del de
su cuñada, o del de el bisabuelo de
la cuñada de su primo…, y que por
eso hay que tener una miajilla
de miramiento con los de la
profesión, no sea que algún probo
intolerante vaya y le saque a uno
trapos sucios, los tenga o no los
tenga.
Por ponerle un ejemplo, -un suponer-
tengo yo un “colega” que acumula en
su CurriCulo las mejores
credenciales y referencias para
enseñar a hurtadillas cuando alguien
va en busca del abogado más redomado
y tunante que uno pueda contratar.
No sabía yo de sus mañas cuando me
lo enfrenté en un pleito de tres al
cuarto. Vaya algo así como “usted no
cumplió lo que firmó, así que
devuélvame la pasta entregada a
cuenta y aquí paz y después gloria”.
Y ellos, mis contrarios, en su
inocencia tontorrona, fueron en
busca del defensor más marrullero
que pudieron encontrar, en su
creencia de que ganar tiempo, fuera
como fuera, acabaría siendo
rentable, sin saberse lo que de
nosotros los leguleyos nunca debiera
de saberse.
¡Ángelicos míos!
¡Para qué voy a contarle! ¡Una
docena de años llevan/llevamos ya de
pleitos! Y aquí me tiene usted con
todos los pleitos ganados, pero
desentrañando, a golpe de escritos,
de sudores y de “por qué no te
callas”, las madejas que montó el
“colega”. A ver si le engancho,
finalmente, lo que mandan las
sentencias y el “redomado” anda en
eludir con tanta artesanía. Y ahí
tiene usted a mis pobreticos
contrarios, metidos en ruinas por su
propio GuerrerodelAntifaz,
entre pleitos y honorarios suyos,
embargos míos, costas de todos, GastosSuplidos sin suplencia,
trámites delirantes y loquerías sin
cuento. Eso sí: el coleguilla,
como tiene la boca que tiene, no
vea usted lo que suelta en sus
escritos. Pero lo hace entre
nosotros, como debe ser; sin dar
tres cuartos al pregonero y con la
sola intención de arrearme a mí en
la boca del estómago a ver si así
pierdo pie, y se queda él con el
ring y con el “din”; porque lo que
es sus clientes…
Aunque últimamente, con la
inminencia de que se le acabe la
paga fija de este pleito, anda él un
poco más desaforado en el decir que
de costumbre, y ha encolerizado a
alguien de la Magistratura que le ha
metido un puntazo entre las partes
de las que se duele, remitiendo uno
de sus escritos al
Tribunal-de-la-Inquisición-Moderna,
mismamente a su oficina de usted, a
ver si hay que meterle fuego por las
perneras arriba, por dicharachero.
¿Qué quiere una muestra? Pues ahí
van algunas perlas:
…La contraparte, en su afán
marrullero y embaucador…
(Ay, que de mis artes embaucadoras
no era yo consciente.)
…se ha precipitado vorazmente a
romper el silencio… (¡Toma
castañas! No sabía yo que uno podía
devorar silencios con tan voraz
apetito).
…Es obvio que no se pueden pedir
peras al olmo.
(Mira: en eso lleva razón, y tendrán
que reconocer conmigo que en
cuestiones horteras –me refiero a
cosas de labranza, de frutales y de
hortelanos- está bien enseñado el
“colega”, aunque, a primera vista,
su afirmación sea un poco simple. Es
como si dijéramos que un alcornoque
no puede dar otro fruto que bellotas
para cebar lechones. ¿O no?).
…La retorcida imaginación de la
contraparte, de acreditada
experiencia en el manejo del engaño
y las artimañas procesales, ha
llevado a cabo en esta nueva
ofensiva pseudo-jurídica tal
despliegue de despropósitos y
atrocidades que invitaría más a la
hilaridad que a la indignación si no
fuera por la burla y menosprecio que
tal actitud implica contra la
Administración de Justicia.
¡Para que luego digan que una es una
blandengue! ¡Ahí quería yo ver a mi
niño estrujándose los sesos para
ponerme en autoestimas a golpe de
carcajada!
…La desquiciada maquinación que se
articula a través del escrito de la
contraparte, incapaz de solventar su
iliquidez económica…
(¡Uy! En eso también lleva razón.
¿Me habrá puesto un expía? Porque lo
mío es efectivamente ilíquido.
¡Vaya! Que es gaseoso como una
pedorreta)
…y rentabilizar, multiplicándola por
cien, la “inversión” realizada en
una opción de compra amañada por el
propio optante, sin reparar en
medios para ello, buscando con el
engaño la complicidad judicial…
¡Más quisiera yo! Como si lo de
complicidarte con un Juez fuera
algo tan sencillo para una Abogada
de a pié como yo, sin práctica ni CurriCulo, y sin expías que
echarse a la boca para que me pongan
a tiro a los pocos Señorías
que se dejan complicidar…!
…o, lo que es lo mismo, induciendo
al Juzgador a PREVARICAR para
conseguir sus sórdidos propósitos…
Eso de “PREVARICAR” es lo que no ha
debido caer bien en el Juzgado, y lo
que me ha metido en dudas sobre el
talento del “colega”.
Y a usted, que sabe tantísimo de
acusaciones y esas cosas, ¿Qué le
parece?
No, si a mí también se me amontonaba
antes la sangre en las orejas y me
ponía de los nervios con las cosas
del colegaCurriCulado. Para
que vea como es cierto, le contaré
que, en un momento de insolidaridad
corporativa semejante a la que a
usted le ataca ahora con el Juez,
cuando dos o tres ColegasDelGremio me estaban
diciendo “ya-
sabes-cómo-es-de-borde-ese-muchacho…”,
yo me encerrilé y les dije a
quemarropa:
- ¿Borde? Menos sutilezas, mozuelos.
Ése, una de dos: o es un loco o es
un sinvergüenza.
Verá usted,
SeñorFiscalSuperior-de-Andalucía:
se pusieron como poseídos:
…Que si eso no se dice de un
compañero… (¡Alto ahí! –respondió
una servidora. De “compañero”, nada
de nada. Co-profesional y va que
chuta).
…Que si los trapos sucios se lavan
en casa…
…Que si perro no come carne de
perro…
¿Ve usted?
¿Es como yo le decía al principio de
esta carta?
En público no se debe decir nunca ni
la verdad, ni lo que se piensa,
porque hay que guardarle las
vergüenzas a quienes no la tienen
si, por uno de esos casuales de la
vida, alguien como mi “coleguiYa” -o
como su Juez- coincide en el listado
de promoción de uno mismamente y le
ensucian la colada.
Mire: eso de comer todos del mismo
plato, con cucharada y marcha atrás,
nos obliga a no envenenar el
condumio para no perecer con el
enemigo.
Y no se me preocupe usted ni se me
escueza, que la vida es sabia; y,
antes o después, el enemigo
deslenguado acaba mordiéndose su
propia lengua y la palma de puro
emponzoñamiento propio.
Para su tranquilidad le recordaré el
título de un antiguo libro (¿o era
un novelón de RadioMadrid?)
bastante consolador: “El criminal
nunca gana”.
¿Qué por qué se lo digo?
Pues, en realidad, por lo que pasó
después de que se disolviera aquella
reunión de Colegas en la que se me
ocurrió decir lo que pensaba de mi
Co-fradeLeguleyeril.
Uno a uno.
¡Todos!
Vinieron, eso sí, uno por uno, como
a escondidas y en privado, a
decirme algo así:
No, si yo, y todo el personal de la
profesión, pensamos igualico que
tú. A “ése”, por negarle, debieran
negarle hasta el saludo. Pero,
mujer, eso no se dice a gritos y
delante de gente; que luego todos
somos iguales… En lo que ya no estoy
contigo –me dijo uno mejor enseñado
que los demás- es en que sea un
“loco” o un “sinvergüenza”. Los
locos son locos, pero no tontos; y
siempre se puede pactar con ellos en
algún momento en que entran en
lucidez. Los sinvergüenzas, son
sinvergüenzas, pero no tontos; y
siempre se puede llegar a componer
estropicios con ellos, aunque sólo
sea cuando entran en la lucidez de
reconocer que han perdido la partida
y te guiñan el ojo a ver si se
pueden repartir ganancias antes de
perderlo todo.
Ése, mi-querida-Colega, -me dijeron
palabra arriba, palabra abajo-lo que
es de verdad es un TONTORRÓN con
certificado y marca de fábrica. Y
con un tonto hecho a mano no hay quien pueda
entenderse.
¿Y qué se hace con un tontorrón?
–pregunté yo en mi tontorrona
inocencia.
Pues… -me dijo el perito en tontos-:
lo mejor es “leña al mono”,
“estacazo y tentetieso”, zanahoria
p’a’l burro… Hacer como si no
existiera, y no perder ni un segundo
del escaso tiempo que tenemos con
semejantes seres especímenes.
Y, aplicando la anécdota a su Juez,
SeñorFiscalSuperior-de-Andalucía,
¿a usted qué le parece? ¿No
será que el Juez para quien usted
pide semejante encierro no fue sino
un tontoÚtil en manos de
verdaderos sinvergüenzas que no
tenían ni miajita de locos?
¡Ea! ¡Venga ya! No saque usted a la
plaza pública las comprensas de esta
mala menstruación con la que se
amagan partos fracasados.
¡Un poco de discreción corporativa,
puñetas!
¿He dicho puñetas?
No; si ahora va a resultar que le
tengo querencia a las puñeterías…
Y es que, como dicen mis Colegas,
PerroNoComeCarne-de-Perro!
¿Qué por qué no me callo?
Pues porque siempre aprovecho para
desfogarme hablando cuando no tengo
enfrente ninguna PuñeteraSeñoría
que se empeñe en callarme, diciendo
que allí, el único que tiene algo
que decir es ell@, aunque no tenga
ni puñetera idea de qué va la vaina
del problema y del dolor en el que
anda hurgando como si de verdad
entendiera de dolores más que de
leyes.
NOTA DE LA
GUIONISTA: VozRegia en OFF a
ritmo de salsa caribeña:
Gaviola
en Marineda. En un 22 de Julio de
2008. |
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RESUMEN Y COMENTARIOS |
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SANTIAGO TARÍN -
Barcelona - 05/07/2008
El
tribunal razona que no es posible defenderse de
acusaciones anónimas
Actualmente permanecen imputadas trece personas
en este asunto, si bien todas están ya en
libertad.
La Audiencia ordena revelar la identidad de las
mujeres que abortaron con Morín-
La Audiencia de Barcelona ha ordenado a la juez
que instruye la causa de los supuestos abortos
ilegales que levante totalmente el secreto de
las actuaciones
y facilite a los abogados los nombres de las
mujeres que interrumpieron sus embarazos
en las clínicas del doctor Morín, en un auto en
el que vierte críticas a la actuación de la
magistrada y le recuerda que es la tercera vez
en que le indica cuáles son los límites del
secreto sumarial.
El argumento del tribunal es que un acusado no
se puede defender de las imputaciones que se le
formulan si no sabe quién las hace.
El pasado mes de diciembre, tras una querella
presentada por E-Cristians, la juez intervino
las clínicas del doctor Morín que practicaban
interrupciones de embarazo y detuvo a este
facultativo y a varios de sus colaboradores. |
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COMENTARIOS |
|
De Himena Hidalgo
Hola Soco
¡Hacia tiempo que no me reía tanto! (Aunque el
tema sea muy serio).
¡Es tan claro tu razonamiento que cae por su
propio peso. Pero estos señores tan cerriles,
que se las quieren dar de modernos, no saben que
hay un umbral de intimidad que nunca se debe
traspasar, a cuenta de las desgracias ajenas.
Ya me gustaría a mi que hablasen con
conocimiento de causa y pusieran su nombre en
las listas, para dar ejemplo a todos, como
cuando están en campaña política.
Es inadmisible, tomarse a "cachondeo" este tema
tan serio, por aquello de la igualdad.
¿Saben ellos lo que es abortar? ¿Saben ellos qué
calvario se ha de pasar, aún cuando todo “vaya
bien”? ¿Saben ellos qué se siente, cuando
ha sido, producto de una violación? ¿Saben ellos
lo que es sentir que tienes que desprenderte de
algo cuyo significado sólo conoces tú?
Sabes darle chispazo de humor a algo muy serio y
que creo que se debe seguir escribiendo y
no dejando que esta gente tan cerril, vaya
diciendo a boca llena, que son demócratas y
hacen estas cosas por el bien de la mujeres.
¿No será, que no quieren que esas madres,
hermanas, amigas si estaban pensando en abortar,
no lo hagan, por aquello de la lista en el
tablón de anuncios de su pueblo?
Un beso |
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SUPONGAMOS QUE…
Por
Mª Socorro Mármol Brís
Abogada
Mediadora
Familiar
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Llevaba
yo una temporada mas bien tranquilica y sin
sobresaltos cuando, sin comerlo ni beberlo, me he
vuelto a poner de los nervios con lo que anda diciéndose
en los periódicos. Y es que, cuando
me
mientan lo del aborto, me entran escalofríos. Pero si
además andan de por medio seres tan
desemejantes
como Jueces, Abogados y Fiscales, los que una
servidora, como leguleya que es desde hace años,
conoce el
entramado del percal que visten, entonces ya sí que
me entra un torozón[1],
porque las entrañas se me dividen entre lo de ponerme
de parte de mis coleguiYas
los Juristas, o penerme a repartir sostrazos entre el
personal puñetero hasta que renuncien a meter sus
narices en las oculteces
de mis otras coleguiYas,
las mujeres, quienes, por otra parte, no es que se
hayan comportado conmigo, pues más de un novio que me
han alzado a lo largo de la vida las muy gurruminas.
A
lo que me refiero es a esa noticia de que los
SeñoresMagistrados
de la Audiencia de Barcelona le han cantado las
cuarenta en bastos a la
SeñoraJuezaInstructora que, sin respeto alguno por la femenina
condición de propensión al chismorreo a pesar de ser
Jueza y no Juez, fue y
decretó el secreto sumarial sin permitir que mis
ColeguiYasAbogados se ilustraran
con la relación de nombres de
MisColeguiYasMujeres,
esas que un mal día decidieron darse un garbeo
por la clínica abortista del
DoctorMorín
para aligerarse de las resultas de sabe Dios qué
circunstancias más o menos genitales con frutos de
parto a nueve meses vista y maternidad de
CadenaPerpetua.
Como
cada vez que me divido en dos, la primera en sacar a
pasear sus petulancias ha sido la
SocoJurista.
-Pues
yo –me he dicho mirándome
a los ojos frente al espejo de manera
desafiante- si estuviera en el papel del
AbogadoDefensor
que ha pedido que se cuelguen los nombres de las
abortistas en el tablón de anuncios para poder
desempeñarse en su tarea, ten por seguro que hubiera
hecho lo miso. Y si no, mira cómo los Puñeteros de
la Audiencia, que por algo son un grado puñeteril más
alto que la JuezaInstructora,
le ha dado la razón al
AbogadoPregonero.
La
cara que se le ha puesto a
MiOtraYo no me ha
gustado un pelo porque, hablando de ídem, a
LaSocoSoco
se le nota el pelo de la dehesa a distancia. Vamos,
que está sin desasnar y sin esperanzas de estarlo.
Puesta en jarras, y con las piernas abiertas para
afianzarse bien en su posición, me ha espetado:
-¿Me
puedes explicar por qué
koines
tienen que pregonarse ahora los nombres de las
criaturicas que se echaron a atajar por la trocha del
aborto por las razones que fueran?
-Mira,
hija: tú sabrás mucho de acelgas, de cómo se hace
el jabón de sosa o de cómo ahorrar un centimico
miserable en la cesta de la compra, –le he dicho con
condescendencia-, pero, lo que es de Derecho, no
tienes ni koinetera idea. Porque si una es
AbogadaDefensora, y se cree de verdad eso que dice la Constitución
de que todos, hasta los peores criminales, tienen
derecho a la defensa, pues tienes que valerte de lo
que sea para defender a tu cliente, que bastante tarea
tiene con estar frente a todo el aparato del Estado,
Fiscales, Policías, Acusadores…
-¡Eh,
eh, ehhhhhhhhhhh! Para el carro. Ya que mientas
derechos, ¿qué me dices del derecho que tienen todos
los acusados a no declarar contra uno mismo, eh?
-Mira,
ahí tendrías razón,
SocoSoco, si no se te olvidara un detalle de primera categoría: que
la JuezInstructora,
sensible ella a los percances de las mozuelas, les alzó
a las PresuntasAbortistas lo de “presuntas”, y las convirtió de ese
“acusadas” que las tenía en un ay, en
TestigosProtegidos,
con lo que se les acabó la bicoca del
“derecho-a-no-declarar-contra-sí-mismas” para
transformarse en “obligadas-a-decir-verdad”
bajo pena de incurrir en delito contra la Administración
de Justicia.
-¿Y
se puede saber qué ventajas tiene lo de ser
TestigoProtegido?
-Pues
eso… -(reconozco que ahí me ha pillado la
SocoSoco)-
que estás protegido en el momento del juicio por un
biombo que no le permite a los acusados verte el body.
-¡No
me digas! –se ha regodeado desde el espejo la
SocoSoco
puesta en jarras-. ¿No será más bien que impide
a la TestigoProtegida
verle la cara de cachondeo a los que tienen más
derechos que la miserable testigo pecadora?
Esta
SocoSoco
no
tiene enmienda. Cuando se pone a ser ella, no consigo
que entienda lo que hemos avanzado en garantías
dentro de esta profesión nuestra. Así que he optado
por dar la conversación por cerrada sentenciando,
aunque no muy convencida:
-Pues
yo, si fuera AbogadaDefensora de alguno de los acusadOs en este caso, pediría lo
mismo que ha pedido mi
ColeGa:
la lista del cuerpo del delito que ahora son
TestigAs
como rezan los papeles.
¡En mala hora me metí en tal maraña!
Ha
sido echarme a dormir la siesta cuando
mi conciencia se ha vestido de pesadilla haciéndome
sudar hasta dejar la almohada para dar de beber a mil
sedientos sin necesidad de mucho estrujón.
En
sueños, se me ha aparecido una idea desencarnada que,
apuntándome con su falange puntiaguda, me ha
espetado:
Supongamos…,
que
ése “Colega”
tuyo que tuvo la genial idea de publicar la lista de
las pecadoras, no es él, sino tú mismamente.
-Supongámoslo
–he admitido embobada en el duermevela, creyendo que
me caía del cielo la expectativa de minutarle
honorarios a un cliente nuevo de los que ando tan
escasa habitualmente.
Supongamos…,
–decía
ahora la aparición- …que, al meter tus narices de
SherlockHolmes
de tres al cuarto en los listados del gentío
abortista, ves escrito el nombre tu hermana, que ya
sabes cómo se las gasta pregonando violaciones contra
las acreditadas urgencias fallidas de su legítimo.
-¡Uy!
-Me he revuelto inquieta aunque firme en mi condición
de AbogadaLegalista-.
Si es que hasta hace dos días estaba en la Ley lo del
DébitoConyugal, y no se puede desorientar así al personal
masculino convirtiendo el débito en violación. ¿No
crees?
Supongamos…,
puestos
a suponer, -ha seguido ignorando por completo mi
razonamiento- …que ves allí escrito el nombre de tu
santa madre.
-¡Un
respeto!, –he saltado-. A Ella, ni mentarla para
estos quehaceres, que ella era una santa. –La sombra
no me ha hecho ni caso y ahí es donde me he echado a
sudar como segador en mitad de barbecho andaluz en el
mes de agosto.
Supongamos
que…, el
nombre de tu madre, para más irrisión y mojiganga de
los que no tienen entrañas, está en la lista de las
víctimas del mal hacer de cualquier abortero que no
sabe rematar la faena como mandan los dioses. (Dios me
libre de meter al Dios de verdad en estos
berenjenales; no sea que a la
SantaInquisición se le remuevan las cenizas. Y las tenazas de
despedazar herejes confesos para librarlos del
infierno…).
La
imagen que se me representaba por boca de mi pesadilla
me ha empezado a escocer en las ingles de la duda
cuando le he preguntado a mi mal sueño:
-No
me irás a decir a estas alturas que soy ni más ni
menos que un aborto fallido ¿verdad?
Supongamos
que lo fueras, y que lo descubres husmeando en los
listados que mandaste traer a…, ¿cómo se dice? ¿Estrados?
Entenderán
que algo tenía que decir. Que tenía derecho a
defenderme frente a semejante pesadilla. Por eso he
contestado como he contestado:
-Pues
mira: si fuera cierto que descubro ser un aborto, eso
me confirmaría en que fue un acierto pedir semejante
prueba. Porque rebuscar en las miserias de los demás
acaba igualándote con ellos, lo cual que te sirve de
consuelo. Además –he seguido- todos tienen derecho
a saber sus orígenes, y…, y… y…
¿Y?
-Y
que de no haber tenido la iniciativa de pedir el
listado, nunca me hubiera enterado de que vivo gracias
a que aquella carnicería no prosperó. ¿O no?
No,
si contestaciones nunca le faltan a una AbogadA…
*
*
¡Menos
mal que era un sueño! Un mal sueño.
En
cuanto me he despabilado, -recuérdenme que les hable
otro día de la equívoca polisemia de la palabra
“pabilo”- he saltado de la cama como un cohete y
me he ido directa al espejo a consultar con mi
Otrazo,
y a contarle lo que me había pasado, a ver si, entre
las dos, nos aclarábamos y a mí se me aligeraba la
desazón.
-Oye,
SocoSoco, ¿a
que no sabes lo que he soñado? Pues he soñado que
era AbogadaDefensora
de un-no-se-quién acusado de practicar abortos, y
que, mirando en las listas de las abortantes que yo
mismamente colgaba del entablado, descubría que yo,
-y tú en lo que a ti te toca-, no éramos otra cosa
que las migajas de un aborto fracasado.
-¡Anda
ya!
Que
sí. Que me empieza a parecer que algo de razón
llevas en eso de que, cuando alguien se pone a hablar
de cosas de mujeres, debiera entender de lo que dice.
Y
que si además ese alguien es un “alguien”,
como mi ColeGa
o como los SeñoresMagistrados,
y no una “álguiena”
(que diría nuestra leída y escribida
BibianaAído,
Ministra de Igualdad por más señas, que anda
igualando ella epicenos -o epi-coinos-
con miembras
mejor o peor compuestas), pues no me extraña que las
sudores acosen algo más que la sobaquina femenil.
-¡No
me digas…!
-Porque,
¡vamos a ver! ¿Por qué
coinos
tienen
que opinar los Miembros sobre lo que deciden las
Miembras a la altura de sus propias entretelas por mucho que a ellos
les “ponga” indagar profundidades…? Mejor
debieran “operarse” antes de sembrar nabos a
destiempo, ¿no?
¿A que no saben lo que me ha contestado,
palabra arriba, palabra abajo, la
SocoSoco?
Pues me han dicho:
-¡Pero
mira que eres irracional, sectaria, visceral y
cambiante!
Yo
aguanto cualquier cosa que me digan porque soy
consciente de mis eventuales carencias de talento.
Pero lo de “visceral”, estando a lo que estábamos,
me ha aguijoneado por dentro de una manera que casi me
tiro al moño del reflejo de mi sombra.
-Pues,
¿sabes qué te digo? –He dicho-. Que esto lo
publico yo.
La
pobre, cuando se ha enterado de que pensaba sacar
semejantes majaderías oníricas al tablón de
anuncios, ha tratado de convencerme con sus mejores
argumentos para que no ande como siempre poniéndome
en evidencia.
Y
cuando, cansada de mi cerril porfía leguleyeril, se
ha convencido de que acabaría una vez más haciendo
el memo, me ha vuelto la espalda al otro lado del
espejo mientras gritaba:
-Mira,
pedazo de idiota…
Mª
Socorro Mármol Brís
Maestra
Nacional. Abogada. Mediadora Familiar
Palabra
recogida en el <EXPRESIONARIO DE MÁGINA>
(Inédito) en la forma que se transcribe.
TOROZÓN:
Enritación; enfado, irritación; soponcio, síncope.
“...Con
la discusión apunto estuvo de que le diera un
torozón”.
·
Mal
de barriga, (cólico), que les da a quienes beben
agua demasiado fría cuando se tiene una calorina
o un tabardillo.
·
Mal
de barriga, (cólico), que le da a quien come más
de la cuenta, sobre todo si es fruta y verde.
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RESUMEN y COMENTARIOS |
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LA NOTICIA: Abril
2008.
El
Tribunal Superior de Justicia de Andalucía
acaba de condenar a la que fuera Jueza de
Motril, Adelina Entrena, a
"un año de suspensión de empleo o
cargo público que implique el desempeño de
la función judicial por haber
mantenido en prisión a José Campoy durante
455 días, a pesar de haberlo absuelto. Se da
la circunstancia de que la Condenada
difícilmente podrá cumplir la pena impuesta
ahora, pues fue expulsada de la carrera
judicial ya hace algún tiempo. Sin embargo,
si ella no lo hace, el Estado, como
responsable civil subsidiario que ha sido
declarado, tendrá que correr con los gastos
de la indemnización a la que ha sido
condenada la Sra. Jueza como responsable
civil.
MIS DUDAS:
¿Por qué
será que se nos van los dineros entre los
dedos en pagar desafueros impunes y luego
nos falta presupuesto para prevenir esos
desafueros?
¿Por qué será tan del revés este mundo
nuestro en que los que debieran estar detrás
de las rejas, andan haciendo de las suyas
por esas calles de Dios, y los que debieran
estar en la calle andan entre rejas?
¡Menos mal que esta vez el error se
paga con la bolsa y no con la vida...!
Aunque, claro, al tal José Campoy le han
alzado 455 días de su vida. |
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 |
2008/12/Abril
¿QUIÉN
PAGARÁ
EL DESAGUISADO? |
 |
-
¿Que quién es ese tal “JoséCampoy” del que
hablan los periódicos?
-
Un
DonNadie; un pelafustán,
un
“pelanas”, un “PresuntoCulpable” con maneras
de gandul, un
“politoxicómano…,
con un…
grave trastorno
adaptativo…"
-Peritos dixit- al que era preciso apelotonar en
la cárcel, aunque sobre él pesara la pena de ser
inocente, siquiera fuera para mantener las calles
limpias de esos seres con pintas de facinerosos, que van
metiéndole el miedo en el cuerpo a las personas de bien
cuando esa gente tiene derecho a que, los que puedan,
les libren, al precio que sea, de la presencia de los “presuntos”
que merodean con su miseria.
-
¿Que quién es
AdelinaEntrena? ¿Esa que
ligan al nombre del Presunto anterior?
-
¡No, por Dios! Ella es una “Doña”. Una
encumbrada, distante, severa y empuñeterada “SeñoríaIlustrísima”.
Alguien que, sin duda, debió alguna vez esforzarse y
quemarse las pestañas durante largos y tenaces meses,
aprendiéndose artículos, códigos y leyes que le abrieran
las puertas de los gloriosos estrados, desde los que,
con la tan garantista independencia judicial como sueldo
fijo, poder administrar -y malgastar- a su manera, la
poca o mucha justicia que en cada momento arrojara el
saldo de su cuenta corriente justiciera. (¿Potestas o
autorictas?)
-
A
JoséCampoy lo llevaron una mañana
esposado a presencia judicial, mismamente, a presencia
de la DoñaAdelinaEntrena, quien,
encaramada en lo alto de la tarima desde la que la Ley
mira por encima del hombro a los “presuntos”, sin
acabar de verlos por esa maldita venda que se empeñan en
sujetarle con un nudo corredizo en la nuca, sufrió el
mismo soponcio que debió acometer a PoncioPilatos,
porque no acabó de ver claro que aquel sujeto fuera
culpable de nada a pesar de las esposas y de las malas
pintas que se gastaba el personaje. Y lo absolvió sobre
un papel mal que bien llamado “Sentencia”, pasando
inmediatamente a lavarse las manos manchadas por la
tinta de una amargada pluma “ciros”, rancia, indigente y
agobiada por las prisas.
-
Claro que una cosa es una firma en los papeles y otra
muy distinta el perder los papeles olvidándose de ellos
en algún cajón vacío de presteza, en el que el tiempo
hace de las suyas.
-
Dicen los que lo vieron por aquel entonces que el tal
JoséCampoy se desgañitaba en las estrecheces
del patio carcelario, o detrás de los barrotes
repintados de gris-mugre del “chabolo”, voceando su
inocencia, sin que nadie le echara cuentas a lo que
decía o se parara a oírlo. A fin de cuentas, en las
prisiones todos tienen tanto tiempo que perder que lo
pierden en vociferar más de la cuenta; y todos dicen lo
mismo: que no le salen las cuentas de sus condenas y que
son inocentes -a saber si es verdad o mentira-; porque,
para que algo sea verdad, se necesitan papeles; lo que
cantan son los “papeles”, y el PresoCampoy
no llevaba papeles encima cuando volvió del Juzgado.
Alguien debió olvidarse de que Campoy era
una realidad no penada; y a la Juzgadora DoñaAdelinaEntrena se le olvidó mandar los
papeles absolutorios a la prisión. O, a lo mejor, los
envió, pero alguien se olvidó de leerlos; -¡qué se podía
escribir sobre el JoséCampoy! O, a lo
mejor nadie pensó que, cuando no hay condena, es
necesario un papel que diga que hay que poner en la
calle al inquilino del Estado.
-
No ando yo muy enterada de cómo se descubrió que lo que
decía sobre su inocencia el muy majara del JoséCampoy
era la verdad pura y dura. Lo cierto
es que un buen día pasado de fecha, alguien que andaba
en no perder tiempo, descubrió -dicen que fue un FuncionarioCarcelero de esos que “funcionan”
todavía- que el muy gandul, por una infeliz desgana de
su Jueza o de quien fuera, llevaba ya 455 días
viviendo del cuento, comiendo y durmiendo por cuenta del
Estado -que somos, mismamente, todos los que, como usted
y como yo, cotizamos como ciudadanos “paganinis”-.
Vamos, que le estuvimos dando posada gratis sin que él
tuviera derecho a semejante dispendio, y encima él se
puso quejicoso. Y todo porque, entre otro personal al
servicio del Estado, la despistada “SuSeñoríaIlustrísima”
estaba, como estamos muchos, a lo suyo, metida en
complicaciones propias, en desamores y en depresiones,
en bajas laborales y en no sé cuántas otras mandangas
que le hicieron olvidarse de que con las cosas de
comer–-de los demás- no se juega. Y menos con la
libertad de alguien, aunque ese “alguien” tenga pinta de
“lo-que-no-es, pero-lo-parece”.
-
Menos mal que para eso están los Tribunales de Justicia:
para corregir desmanes de “adestiempos”. Hace
apenas unos días que un Tribunal le ha cascado a la “Doña” una sentencia de chupa de dómine:
un año de suspensión de empleo o cargo público que
implique ¡el desempeño de la función judicial!
-
¡No te digo…!
-
Y digo yo: ¿Alguien en ese Tribunal se apercibió de que
también ellos están llegando tarde con su condena?
Porque, si SuSeñoríaIlustrísima
es ya una “ex”, que fue expulsada hace más de un año de
la carrera judicial, ¿cómo va a cumplir ese año de
condena? ¿Era preciso lo de la suspensión de un empleo o
cargo público cuando es público y notorio que ya no hay
cargo público que llevarse a la boca?
-
No, si yo, como soy lo que soy y ejerzo de lo que
ejerzo, sé por dónde van los tiros; algún delito había
que escribir sobre un papel para poder endilgarle lo de
la indemnización. Pero el personal de la calle, que no
sabe de sutilezas y gatuperios legales, se pone de los
nervios con esas cosas tan…
-
Bueno, a lo que vamos. Si no me equivoco, un año tiene
365 días. Lo digo porque, comparados con los
455 días que el “presunto”
estuvo en prisión
por la cara, arrojan un saldo a favor del “causante” de
tanto descalabro igual a 90 días,
lo cual que sería un flagrante agravio comparativo con
la condena impuesta a la Doña -pienso yo- si no
fuera porque la “Ex-ExcelentísimaSeñora”,
administrativamente, ya fue penada a cadena perpetua al
perder su carrera por los siglos de los siglos…,
con lo que otra vez se me desequilibra la balanza, y
esta vez a favor de SuSeñoríaOlvidadiza.
La verdad es que, llegados a este punto, no me aclaro
con los saldos.
-
Claro que no es éste, sino otros, los saldos que a mí me
irritan, y aquí es a donde yo quería llegar. Porque
también han condenado a la Ex-SeñoraPuñetera a
indemnizar al galopín injustamente trabado con 103.000
€uros,
que hacen un total de 226,37
€/día,
lo que tampoco es tanto teniendo en cuenta la rareza que
supone esa escasa mercancía llamada tiempo-de-vida.
-
Pero, -entre nosotros- lo más grave es que los Señores
Jueces han declarado “responsable-civil-subsidiario”
nada menos que al Estado; es decir: a usted y a mí y a
todo el personal que hace declaración de la renta, y a
los que no la hacen pero carecen de lo que debiera
tener, y tendríamos que darles si no tuviéramos que
gastarnos el presupuesto en responder de desaguisados de
tanto zángano
holgazán, distraidillo y roncero como los que van
saliendo últimamente del fondo de algunos armarios
judiciales.
-
(Recuérdenme otro día, cuando hablemos de las mujeres
que la están palmando a manos de esos PresuntosAlejados
que andan sueltos porque no hay
presupuesto para buscarlos ni jueces con tiempo para
ocuparse de ponerle los malos humos en cuarentena, que
nos ocupemos de eso que el Derecho Penal llama
“cooperador necesario” de un crimen, por si, deLegeFerenda, fuera aplicable a quienes caen en la
omisión del deber de evitarlo con la diligencia debida).
-
La
DoñaCondenada, después de intentar durante el
juicio quitarse de encima su adeudo echándole las culpas
al vecindario de mesa de su Juzgado, entre otros, ya ha
anunciado que va a recurrir esa sentencia que la condena
por una “ImprudenciaGrave” cuando –-dice-
técnicamente, y en puridad legal -¡no te digo!- es una
imprudencia simple.
-
¡Hace bien
SuExSeñoríaIlustrísima! La Ley está
para lo que está y los recursos -de dilación- para
dilatar la agonía procesal hasta aburrir la desvergüenza
indagatoria de los majaderos que no saben de leyes. Y
quien no lo entienda, que haga oposiciones y se sacuda
la ignorancia en escuelas de pago si les llega el
presupuesto.
-
Los periódicos–-hacen bien también- últimamente están
que echan humo haciendo apresurados recuento de atrasos,
retrasos, injurias, incurias y desganas forenses. Y un
clamor de “yo-no-he-sido” inunda los honorables
espacios de esta España nuestra como si fuera un
interminable y oportunista juego del escondite.
-
Mientras tanto, el
JoséCampoy, que no
tiene muchas luces para entender más allá del hecho
concreto de que le “alzaron” 455 días de vida al
aire libre, anda dando la matraca, y ha llegado a mis
oídos que dicen –-eso me lo estoy inventando en este
mismo momento- que, frente a semejante jerga leguleyeril
y mediática como la que se ha levantado
en corrillos, Tribunales, tribunas, periódicos, bufetes
y mercadillos, anda el pobre mío en un “ay”, y no hace
más que decir: ¿pero es que nadie va a taparle la boca a
toda esa tropa para que pueda hablar yo ahora que me
toca por una vez en mi vida?
-
Los que lo quieren bien le aconsejan que “lo comido por
lo servido”, y que él, a cobrar y a callar, no sea que
alguien más por encima, o algún MachoCabrío a la
busca de chivo expiatorio, quiera ensañarse en su
persona aprovechando esas malas pintas de facineroso de
medio pelo que se gasta; y si alguna vez, en un arranque
de lucidez se empeña en seguir preguntando que qué hizo
él para merecer que le dieran techo y comida gratis al
módico precios de 455 días de vida, -que, por
otra parte, parece ser que es su único patrimonio- aún
hay quien le dice:
-
Pero, a fin de cuentas, ¿de qué te quejas, so acémila?
¿Cuándo te has visto tú con tanta fama, tantos abogados,
tantas gentes de bien ocupándose de ti, y tantos dineros
en el bolsillo…
¡Anda ya!
-
Y digo yo: si a
SuExSeñoríaIlustrísima, como es
de prever, no le alcanza el sueldo para pagar lo
único que queda ya por pagar en este negocio del que
tantos están sacando dividendos, ¿quién va a pagar esta
vez el desaguisado?
-
Alguien que me quiere bien a mí, me dice: “Mira, deja
que los que entienden se ocupen de poner orden y no te
metas tú en berenjenales. ¿No ves que llevas todas las
de perder?
-
(Hablando de llevar las de perder, recuérdenme que un
día les hable de mis desventuras con un
Abogado-de-sí-mismo, que me trae a mal traer desde
hace más de ¡DIEZ! años, persiguiéndome sin tregua a
querella campante -¿o era “a carallo campante?-,
por haber cometido el crimen de defender como Abogada-por-cuenta-ajena a su exmujer, cuando el
jacarandoso mozuelo la tenía inflada a la pobre mía, y
tuvo que salir por pies desde Andalucía, camino de los
Madriles, para librarse de la quema. Lo malo es que los
Tribunales, por si acaso, como andan sobrados de tiempo,
escuchan estoicamente su verborrea, aunque luego me
absuelvan a mí y lo condenen a él al pago de unas costas
que nunca paga porque hace tiempo que se colocó en tan
documentada como acomodada insolvencia y no hay quien le
enganche un centimico).
-
Total que, volviendo a lo que estábamos, desde que me
metí en esto de meter baza en lo que no me importa,
hay muchos que intentan disuadirme de esta manía mía de
preguntar y de poner por escrito lo que no debó; pero
yo, erre que erre:
-
-Pero si es que, así, nunca va a haber presupuesto para
mejorar el cotarro de lo de la Justicia…
-
-¡Bueno, y qué?
-
-Pues que…
-
-Mira, pedazo de idiota…
-
-
-
Mª
Socorro Mármol Brís
-
-
"A carallo campante"
frase hecha en gallego, cuyo sentido es fácil de
deducir si se tiene en cuenta que "carallo" es
la denominación del miembro viril; que
"campante" significa "gozoso", "jubiloso",
"alborotado",
"bravío"...
Aunque,
personalmente,
prefiero definir la locución con los primeros
versos del Poema de Espronceda “La Canción del
Pirata":
"Con cien cañones por banda/ viento en popa,
a toda vela...".
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LA
NOTICIA: Una niñita murió a manos de un
hombre condenado por abusos a menores,
y que se encontraba en libertad porque el
Juzgado que debía ejecutar la Sentencia no
lo hizo.
¿De verdad que hay que
callarse? |
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La muerte infame de una
niñita
Mari Luz murió a manos de un
indeseable
mientras todos nosotros
estábamos de parloteo inútil
justificando lo
injustificable.
Ahora parece que todos
tenemos algo que decir para acallar
culpables silencios y
cobardes tolerancias...
¿No ves que ha muerto una niñita
y todos
nosotros
somos algo culpables de su muerte?
Cada vez que guardábamos silencio ante una felonía, ante una
injuria, ante un maltrato, estábamos matando un poco a todos los
que mueren cada día a manos de los necios. Ahora ya no es tiempo
de rasgarse las vestiduras, ni de decir que "todo el peso de la
Ley...", o "que quién le devolverá su honor...", o que
"...guardaremos en nuestro corazón vuestro dolor..."
Porque ¿quién de nosotros le devolverá la vida a Mari Luz?
Mejor nos callamos
A menos que estemos
dispuestos a colaborar en los avances de la dignidad tomando, si
es preciso, posturas impopulares.
M. Socorro Mármol Brís |
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