Índices Cronológicos actualizados mes a mes

2008

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Índice Alfabético

Introducción

¡Por qué no te callas!

Carta Abierta a DonJaimePeñafiel
Sobre igualdad de hombres y mujeres

Carta Abierta a la Señora Duquesa de Alba (Y 2)

Carta a un Juez tontol'haba. Sobre la tontuna  de creerse que el personal es tonto.

La muerte infame de una niñita
Sobre la muerte de Mari Luz a manos de un pederasta en libertad por desidia de alguien

Perro no come carne de perro
 Sobre solidaridades corporativas y sobre colegas tontorrones

¿POR QUÉ KOINES NO?

 

¿Quién pagará el desaguisado? (Sobre la multa impuesta a una Juez por mantener preso a un hombre inocente)

 

Qué encontrar en Iuristemplanza

 

 

 

  Día de la mujer trabajadora
 

 

A modo de ráfagas...

comentarios sobre noticias diarias

 

La actualidad del día a día

desde una visión poco ortodoxa

y en clave de

 

HUMOR ÁCIDO

 

 

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Índice Alfabético

Supongamos que... (Sobre la orden judicial de publicación del listado de mujeres que abortaron)

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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INTRODUCCIÓN

   Jamás una sola frase logró ser tan expresiva como ésta. La utilizó nuestro Rey como escudo frente a una verborrea silenciadora, y yo me permito hacerla mía para titular estas crónicas en las que, a veces, será mejor guardar un  silencio respetuoso frente a aquellos que utilizan la palabra como arma arrojadiza privándola así de su función esencial: ser vía del debate y de la confrontación de ideas; nunca mordaza para lo que los demás tengan que decir.

   Con la palabra narraremos hechos sin entrar a descalificar personas. y sólo cuando alguien intente silenciarnos con su ruido, diremos, como nuestro Rey:

    ¡Por qué no te callas!

   Aquí empiezan mis crónicas enloquecidas frente a la cordura institucionalizada. A ver si así nos encontramos a mitad de camino y empezamos a hablar como si nos escucháramos unos a otros, sin responder a un "buenos-días" con un "¡anda-que-tú!"

 

 

 

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Resúmenes de prensa

CUENTO y Opino sobre LO QUE OIGO

   

 

¿Hay verdadera igualdad de trato a hombres y a mujeres...?

 

CARTA ABIERTA

A LA SEÑORA DUQUESA DE ALBA

(Y dos)

 

Mi Señora DoñaDuquesa:

Ahora sí que m’ha mata’o usted.

Con el refocilamiento que me entró a mí ayer, cuando anunciaron su boda, no estaba yo dispuesta para este leñazo.

Perdoneme si comienzo esta carta pasando por alto las más elementales normas del género epistolar, pero es que, desde que me he enterado de que ya no hay bodorrio, se me han caido al suelo los palos del sombrajo, y ando yo en un sinvivir, mientras mi legítimo, abanico en ristre, lleva el pobretico mío más de una hora intentando que se me pase el torozón y el tabardillo que se me han metido en los entresijos en cuantico han soltado la noticia en el programa ese de TeleCinco que hay después del novelón de la sobremesa.

¡Pero, mujer de Dios! ¿No estaba usted tan bien dispuesta a sacar la cara por sus colegas las mujeres pasadas de fecha? ¿No andaba diciendo usted que la boda se celebraba –un decir- por encima de su cadáver?

¡Anda que no le había puesto yo ilusión al asunto! Como que, nada más oír eso de que se casaba usted mismamente con un mozuelo enterizo y sin madurar, fui y me dije “ésta –con perdón por las confianzas- sí que es un ejemplo para las mujeres que, aunque hayamos nacido antes de tiempo, aún estamos para echar una carrera a pelo”. Ésta acaba de una vez para siempre con el cirio de que en lo que tenemos que estar las abuelillas en desuso es en los novenarios. Y, en los ratos libres, si las hinchazones de la artrosis lo permiten, ponernos a tejer puntillas de croché para la mortaja, en lugar de tirarnos a insensateces de amoríos y seducciones trasnochadas.

Estaba yo tan segura de que por fin, una abuelilla iba a redimirnos de la malquerencia de nuestros herederos…

Porque estará usted conmigo en que mucho hablar, mucho hablar, pero no hay una que dé la cara y publique a las claras que los sofocos y las palpitaciones que a todas nos acometen todavía no son reliquias posmenopáusicas, sino alborotos primaverales tardíos metidos desfases de otoños traicioneros. Tal que como los higos invernizos, que maduran por la Pascua.

Porque sabrá usted,  mi SeñoraDoñaDuquesa,  que las hay que van por ahí dándole a la “muí”, como si se fueran a comer el mundo, y luego, ¡nada de nada!

 Por ponerle un ejemplo, ahí tiene usted a la muy dicharachera de la ConchaVelasco, que, cuando se cansó de los adornos virtuales que dicen que le arrimaba su legítimo por encima de las cejas, fue y le dio la cuenta, lo puso en la calle, y ella se echó a la calle y soltó aquello de que “a mí no me gustan los hombres de mi edad porque son muy mayores para mí”.

¡Toma ya!, se dijo una servidora, siempre tan crédula y tan tontaina, mientras preparaba el banderamen para salir en manifestación reivindicativa de maromos sin desgastar.

¿Qué cree usted que pasó?

Pues que casi me dan los óleos esperando que la muy dicharachera pasara del dicho al hecho y empezase a lucirse en público con un noviete que no fuera de su edad. Pero… ¡Ya, ya! Ahí tiene usted a DoñaConcha, más Doña cada día, y cada día menos concha.

¿Y qué me dice de la DoñaBaronesaTissen? ¡Mucho ruido y pocas nueces! Dar campanadas, sí que da alguna; pero de hacer sonar campanas de boda, tararíQueTeVi. Que ella ya tuvo réplica y dúplica en la vicaría y no se arriesga a que la tupan por un tercer casorio desmejorante, aunque la tupan por descasorios anteriores.

¿Y de la difunta (q. D. t. e. s. g) DoñaDuquesa-de-MedinaSidonia?

¡Más de lo mismo! Porque, tan roja y tan echá’-p’alante que era ella en su juventud, que hasta estuvo en la cárcel por pensar como pensaba y encima decirlo sin miramientos, y, como dicen en mi pueblo, “a la vejez, viruelas”; que después de tantísimos años de amor del bueno con su secretaria, no fue capaz de matrimoniarla hasta que no se vio dando las boqueadas y a punto de entregar la cuchara; y de seguro que no lo hizo antes “por el qué dirán”. O, a lo mejor, para que no le fastidiaran con “j” las nupcias como parece que han hecho con usted.

Usted comprenderá que todas esas cosas a mí me tenían desalentada, y, -por qué no decirle- más bien metida en desazones por lo que ayer mismico le decía en mi carta a DonJaimePeñafiel: que una todavía tiene cuerpo de jota, y que se pone como poseída cada vez que un mozo de los que ahora se llevan le requiebra por la espalda, antes de darse cuenta del cuarteado de la fachada. Lo cual que andaba yo en quebraderos de cabeza, pensando que, como esas calenturas no debían ser muy corrientes ni muy normales cuando ninguna de las de mi quinta parecía padecerlas, eché yo en pensar en ponerme en tratamiento intensivo de bromuro, y ya me estaba haciendo el cuerpo a congraciarme de nuevo con el clero, a ver si, entre cura y cura de los de no pecar, -que dicen que todavía quedan-  encontraba un buen exorcista que quisiera sacarme los demonios de la impudicia de estas hechuras en trance de fosilización, y más rancias que el tocino añejo.

Y en esas, va usted, con esa gracia que Dios le ha dado en restaurarse cual cuadro de Goya en su época de colorines, y sale diciendo que va a casarse con un mozuelo de aquí te espero, con varias docenas de años menos que usted, porque, una vez enamoradiscada, usted se pasa los ochenta años que lleva vividos por el forro de sus pololos para poder quitarse los idem previa santificación de la coyunda.

 Yo, en cuantico le oí decir que, coincidiendo con el decenario del hipismo del 68, iba a practicar lo de hacer el amor por lo legal, por ser algo más fatigoso para sus años, pero menos pornográfico que la guerra, me eché a buscar fotografías suyas para copiarle el estilo, -que ya sabe usted lo aficionada que es una a las abundancias, a la bisutería, a los colorines y a los perifollos encima de la cabeza, sobre todo si alguien de su alcurnia los ennoblece luciéndolos sin recato-. Y, una vez acicalada, fui y me dije: Titi, se acabaron los miedos, que ahí hay una fémina que aún tiene lo que hay que tener  (por cierto, ¿sabe usted lo que hay que tener, que todo el mundo lo mienta?) para ponerse al mundo por montera, salir al ruedo y lidiarse hasta a los cabestros con su mejor faena y con la solera que los siglos dan. Me pensaba yo, DoñaDuquesa, que floreándome a su estilo, de la manera que puede ver en el retrato que adjunto a esta carta, estaba dispensada de culpa carnal, y alcanzaba licencia para refrescarme las calores otoñales con las brisas frescas de cualquier mozalbete que se me pusiera a tiro, previo enamoramiento de ese que mete en palpitaciones el costillar izquierdo de las mujeres aunque estén por encima los 100 años.

Entonces, cuando ya estaba yo en disposición de arranque, va la televisión y dice que ya no hay boda. Que “el qué dirán” se ha convertido en todo lo que han dicho unos y otros, y que hasta ha habido reconvención monárquica para meterla a usted en razón y a mí en un ay de desesperaciones.

Y encima van y cuentan que está usted muy triste porque ese primor de hombre que usted ha dejado al pie del altar como quien dice es “lo que más quiere en el mundo”.

¿Pues sabe qué le digo yo, SeñoraDoñaDuquesa? Que si usted está triste, más tristes estamos la legión de ViejasGlorias, a las que nos ha dejado usted tiradas cuando estábamos relamiéndonos y a la espera de que empezara usted el melón para poder seguir comiendo todas de él.

Usted tiene la culpa de que se nos hayan ido las colores a las dos sobre el retrato de las locuras posibles y nos hayamos desteñido otra vez en blanco y negro. Tal parece que lo único que nos queda de color a las viejas es el color de las flores del velatorio.

Pero yo no me conformo; ya se lo digo. Fíjese usted si no me conformo que ya he enviado un MailMasivo a todas las que vamos resistiendo el paso de los años sin que se nos pase lo demás, proponiéndoles que creemos la Asociación Femenina de Pololos Viejos, para poder echarnos a las barricadas, y derramar nuestra sangre contra el enemigo de “el qué dirán en los enamoramientos tardíos”. Por supuesto que va a ser una asociación sin fines lucrativos, e incluso es posible que, con tal de sacarle a usted y a otras tan cobardicas como usted las castañas del fuego, acabemos arriesgando lo poco o mucho que a cada una de nosotras nos quede todavía de vergüenza y buen nombre. Incluso es posible que alguna acabe con la camisa de las mangas largas atadas a su espalda, cantando desaforada lo de “CabezasNevadas” mientras se inscribe en la cátedrambulante donde prestaban los pololos de fiado.

Lo último que quiero echarle en cara es haber traicionado a sus colegas las féminas, en este machorro partido de futbito donde “ellos” nos están metiendo todos los goles, sin que nadie les miente a su madre y, encima, riéndoles la gracia –que la tiene-.

Porque, ¿…qué me dice usted –por tirar por lo alto- del SeñorSultan-de-Brunei. ¿Sabe usted cuántos años le saca a su última legítima?

Y, ya puestos a hacer recuento, le miento a alguno más: JulitoIglesias, el difunto Papuchi, el Presi de “La Dulce Francia”; algunos de los más destacados  prebostes navieros, fontaneros, ladrilleros, financieros y menos financieros de “La Gentil Castilla”; el Alcalde de…, bueno, de esa ciudad; el parlamentario aquel de Londres que se casó con la BienVenida…

 No, si de seguro que usted, que anda más por esos mundos del poderío, se sabe el doble de nombres que yo.

Y ahora sí que me despido de usted, porque en el tocadiscos está sonando una copla que a mí me gusta muchísimo, y que dice:

…Yo quisiera ser civilizado como los animaleeeeees.

¡Uy!

¡Es que me priva!

Me recuerda mucho mi infancia en el cortijo… Cuando no eran precisos los servicios del  mamporrero por muy vieja que fuera la jaca si se le echaba un borriquillo nuevo y sin mataduras.

¿Usted me entiende?

 

Gaviola en Marineda. En un 26 de Agosto de 2008

 

 

 

   

LA NOTICIA

Que dicen por ahí que la Señora Duquesa de Alba se quiere casar con un mocetón de los que ya no quedan.

 

Y que dice DonJaimePeñafiel que, a su edad, mejor lo deja...

Que digo yo  que por qué no...

 

 

 

CARTA ABIERTA A DonJaimePeñafiel

Mi estimado DonJaimePeñafiel, y de mi mayor consideración:

Vaya por delante que lo del “Don” es por lo de cumplir precepto de tratamiento de bachilleres, que supongo que usted lo es; y lo de “de mi mayor consideración” es puro formulismo epistolar; que no estoy yo por la labor de que, por omitir semejante tontuna, acabe usted reconociéndome un “pedigrí” que yo detesto, y acabe comparándome con uno cualquiera de mis linajudos caniches. (Lo de el “usted” es pura cautela… Ya sabe: como lo de aquel Decano de galaico Colegio de Abogados que, en cualquier portillo, siempre le cedía el paso al Presidente de la Audiencia, dejando dicho de antemano que lo hacía por razones de seguridad personal para garantizarse el no dejar peligro alguno a retaguardia. Le digo esto, no sea que tuteándole yo, a usted se le arrodee el genió contra mi plebeyez y me ponga de chupa de dómine).

Pues, a lo que estábamos: que sabrá usted que estaba yo leyendo hoy en El Mundo su docta y doctoral croniquilla azul y rosa dominguera y, de repente, se me ha ido un repullo de padre y muy señor mío.

Parece que lo estoy viendo. En este mismo momento ya estará usted afilando la punta de su lengua para decir: pero ¿se puede saber quién es ésa que me lee en el periódico El Mundo sin ser capaz de entender algo de lo que tan juiciosamente digo?

        ¿Ve usted? Las cosas como son; en eso lleva usted razón.

¡No entiendo nada!

De lo que yo quería hablarle es de los remilgos y los melindres que le está usted haciendo al matrimonio de la SeñoraDuqueda-de-Alba. Para mi gusto, se está poniendo usted una mi’ajilla rapituso.

Mire, MuySeñorMío, vamos a ver: ¿quiere usted explicarle a una servidora dónde está sancionada la norma, o en qué CatecismoRipalda, o en qué Código-de-Hammurabi está escrito que una señora metida en años no pueda volver a casarse, y menos con un jovenzano con más potencias que la corona de un santo? Una tiene derecho a enterarse del porqué de sus salmodias, no sea que le entren antojos de incurrir en semejantes deslices sin acabar de saber dónde encuentra usted el desatino.

Porque, un suponer. Para no mentar a extraños, hablemos de ElMío, que, antes de legalizármelo, tanta trabajera puse yo en ventilármelo por esa liturgia del pendoneo que a usted no se le cae de la boca.

Pongamos que el muy desconsiderado va y la espicha, y me deja como el reverendo DonAguirre dejó a LaSuya: desparejada y con calenturas tercianas extendidas por todo el cuerpo como les sucede a “las ellas”, y no solamente al sur del ombligo como les pasa a “los ellos”… Y por seguir poniendo, lo cual es mucho poner, pongamos que, en semejante trance, se me arrima, a estas alturas, un maromo de esos que llevan en todavía la mocedad en la boca, y me dice que ea, que vamos a juntar lindes, -que, por si usted no lo sabe (aunque usted lo sabe todo) es como se decía en mi pueblo cuando a un alguien de presencia primorosa lo enmaridaban mismamente con una álguiena algo fachendosa, pero cuyas tierras eran  a las puestas de sol como las del FelipeII. Y luego, a la hora de…, usted ya me entiende, apagaban la luz, y a oscuras, se ponían a hacer chiquillos en ralea, sin pedigrí, y más feos que pegarle a un padre, pero más herederos que un Onassis…

Y si, encima, -seguimos en el supuesto- el alguien manifiesta buena disposición en aliviarle a la álguiena  las purgaciones de la falta de coyunda carnal a cambio de empezar el tajo por la coyunda sacramentada, ya me dará usted razón de por qué le pone tantos estorbos a la sacramentalización de la jodienda por purititas razones cronológicas en la fecha de nacimiento de la miembra. (Ministra DoñaBibiana dixit y una servidora remeda por ver si es la manera de llegar a ministra).

No; si ya se sabe que el calendario arruga todo en el personal, y que aquello de “la arruga es bella” era una fullería de las feministas para no plancharle los calzones a sus legítimos. ¡Qué le voy a contar yo a usted que usted no sepa! Aunque tengo para mí, DonJaimePeñafiel de mis entretelas, que usted lo hace por una mera cuestión de disfunciones.

Pero, mire usted, DonJaime, hay algo que, a lo mejor, no lo tiene usted puesto al día, y es que las mujeres, por muy viejas que seamos, no nos disfuncionamos hasta que no tenemos firmado y sellado el certificado de defunción cerebral; y aún así… Que, mismamente, una servidora, que sin ser de la quinta de la SeñoraDuquesa no le anda tan lejos, todavía se alborota y se remueve cuando ventea el paso de potrancos de hechuras desenvueltas, manos delanteras finas, grupa respingona y reluciente, corveteo jacarandoso, corvejones bien plantados y aparejo enjaezado y guarnecido para remontas en condiciones y largas cabalgaduras.

Claro que, en diciéndolo de semejante manera, tan “a la pata la llana”,  y mentando  y metiendo de por medio tales animalerías, una se pone en el trance de que usted le aluda todo eso del pedigrí, lo del “serlo y parecerlo”, lo del pelaje y lo del pendoneo palatino, por ausencia de casta o abundancia -¡quien no los pudiera pillar!- de maridos periódicos puros.

Lo cual que, bien mirado, y aunque a usted le escueza en el certificado de pureza linajuda, eso de poder pendonear es una ventaja, se tenga la edad que se tenga, y se esté en una residencia para viejos andrajosos o en un palacio ducal.

Yo, aunque me esté mal decirlo, puedo.

A usted no le voy a preguntar por puro miramiento.

Y, en lo que hace a la SeñoraDuquesa, yo le convidaría a usted, DonJaime, a que le mire a la cara y me diga luego si son las arrugas, la duquesed o las averías octogenarias  las que le sacan a usted ese genio, y las que debieran haberle ultimado a la Duquesa el despropósito de creerse con derecho a volverse a enamorar, siquiera sea por lo que le quede de vida.

Por cierto, que si usted me lo consiente, DonJaimePeñafiel, beneficiándome de su confesada liberalidad, y aprovechando que esta carta es en abierto, y que la voy a poner en mi escaparate particular (www)  antes de que alguien me suelte un soberano ¡por qué no te callas!, quiero desde ella darle un mandadico a MiDuquesa:

Mire, Señora, usted a lo suyo: a casarse, y a darle gusto al cuerpo a la cobija de otro cuerpo de andar en bata y zapatillas. Alégrele usted a ese hombretón las pajarillas como usted sabe hacerlo para que no tenga que meterse, como hacen muchos, en correajes y verdugazos, bitoques y manoseos calculados a golpe de cronómetro, arrumacos de diez minutos y jugueticos de esos de usar y tirar que tanto se llevan ahora entre la GenteBien, para tener que acabar lamiéndose a solas sus propios aborrecimientos cuando pasa el espasmo sin que nadie les diga ahí te pudras. Ya sabe usted: las mujeres somos más tontainas, o, como dice una prima mía que es de lo más leído, somos menos sicalípticas y menos sinuosas. Pero a jocundas y enamoradizas, no hay quien nos gane. Y si somos viejas, con más razón, porque tenemos menos tiempo que perder y las mismas ganas de festejar y de que nos festejen a diario sin intermitencias ni tiempos muertos.

Usted, a juntarse con quien sea antes que tener que verse en el atolladero del dale-que-te-pego del gustirrinín hurón y solitario. Que la autogestión, además de ser pecado de los de “y-cuántas-veces”, no está hecha para nosotras, las viejas que aún podemos.

Sabrá usted que Casas-de-Señoritos hay pocas y de material de desecho. Y las casas de Señoritas-de-CompañíaVisaOro son todavía patrimonio de prójimos varones que, por lo que dicen por ahí, se ven precisados de pendonear a sus anchas –no sé yo si a sus largas también- a tanto la hora; porque hay que entender que el varoneo tiene sus dependencias, y a los pobres míos dicen que se le agarran a las ingles semejantes urgencias que los obliga a los angelicos a pendejear como buenamente pueden.

Así que, antes de que el tiempo le apolille la lozanía del material, hágase usted con él un buen abrigo. Yo que usted no me lo pensaría dos veces. Algo tendrán el mocerío que los viejos echan en falta, cuando los veteranos tienen que andar criticándolo para buscarse consuelo. Le digo yo, SeñoraDuquesa, que a mí, con perdón, entre nosotras, y sin que quiera incomodarla, cada vez me gusta más ser prójima y me da más lástima de los aprietos de los prójimos metidos en años; porque me recuerdan a las vacas del cortijo donde me crié; que el día que el gañán se descuidaba en ordeñarlas, se pasaban la noche berreando de padecimiento como si les estuvieran pidiendo de prestado sus chotillos a las más jóvenes para el alivio de las ubres.

 Lo de casarse a destiempo tampoco para ellos está tan mal mirado, aunque en la ceremonia parezcan abuelitos disfrazados de pimpollos para la PrimeraComunión de sus nietas. Y ellos tan orgullosos, sin que nadie les tenga que poner en claro cuántos años les sacan a sus segundas o terceras legítimas, y cuánto les cuestan el banquete nupcial. Así que, Señora, usted hágame caso; no le eche cuentas a la edad de su NuevoAmor y tírese al agua de cabeza antes de que le vacíen la alberca por las cañerías del espiche. 

Si alguien le pone algún reparo, SeñoraDuquesa, usted me lo factura a mi Despacho, a ver si puedo sacarle una pasta gansa con la disculpa de leerle de corrido la Ley de Igualdad[1] de miembros y miembras, y enseñarlo en las resultas de la discriminación agazapada en pedigrises, pelajes y pingajillos.  

Y ya de paso, aunque sólo sea por echar unas cuantas risas, ¿quiere usted que le echemos cuentas al listado de Señores-con-Pedigrí que le doblan la edad a sus seductoras SegundasCónyujas?

Ésta que lo es…

(¿Lo soy?)

 

 LEY Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.

 

 

 

 

 

 

 

 

La Noticia

 

 

Julio/2008

 CARTA A UN JUEZ TONTOL’HABA

27 de Julio de 2008.

         

 

          Muy SeñoríaIlustrísima mío:

        Dispénseme si principio esta carta incomodándolo. Porque, bien pensado, tampoco a mí acaba de encajarme lo de SeñoríaIlustrísima, sobre todo, si se emplea en vocativo. Pero, como no estoy yo por la labor de entrar en discusiones con los que saben más que yo por decreto, pues he escrito lo que he escrito, porque no quiero que me pase con usted (¿o debo decir ConSuSeñoríaIlustrísima?) lo que con una Colega suya, que me tiene en un ¡ay!, por apelarla “Señora” en los juicios, cuando dice –y con razón- que hay un Decreto que reza lo de “SeñoríaIlustrísima” tal cual, sin  meterse en pamplinas de distinguir  cosas tan pasadas de moda como los modos o las declinaciones. Por si quiere usted más información sobre mis cuitas con el tratamiento, no tiene más que leer la carta que una servidora les escribió a los del Consejo General del Poder Judicial y comprenderá de qué va la vaina.

        Se me antoja que, para entendernos, lo mejor será que apliquemos  los formularios, los decretos y los moldes  para las cosas del Derecho, lo mismo que ajustamos las plantillas rayadas por debajo del papel en blanco, para no salirnos de los renglones ni hacia arriba ni hacia abajo.

        Como le iba diciendo, mucho me alegraré de que al recibo de ésta se encuentre bien, que es tanto como desearle que esté como estaba (al menos, como estaba hace 48 horas) en compañía de su familia.

Yo bien gracias a Dios.

       Como comprenderá, lo de Gracias-a-Dios es un decir –otro decir-. Porque no es que Dios me lo haya puesto muy fácil que digamos. Que en esta profesión nuestra, Dios nos mete en tentaciones un día sí y otro también, sólo por ver cuánto aguante tenemos en la decencia o en la tontunez. Y una, -no se crea usted- ha tenido también sus tentaciones. De medio pelo, pero tentaciones a fin de cuentas.

        Y, hablando de tontuneces, eso es de lo que yo quería mentarle principalmente en esta carta: lo tontísimo que me está usted resultando –y usted perdone- si lo que publican los periódicos es cierto.

        Ayer, sin ir más lejos, un periódico, que no se calla una, decía que mismamente usted, cuando estaba todavía en su Juzgado, anduvo en alzarle a no sé qué empresario muy pudientísimo unos seis u ocho millones de euros, (millón arriba, millón abajo) a cambio de quitarle de en medio no sé qué estorbos legales que usted mismo le había puesto antes por delante, en un sumario o algo así que usted andaba en instruir, antes de que a usted le alzaran el kiosco del Juzgado.

Hasta ahí, usted me parece un genio. Un poco corruptillo; pero un genio.

Más tarde, cuando le apartaron de su Juzgado, ni usted mismo se creía que iba para tan largo, y le rebajó el precio al pudientísimo dando las primeras muestras de tontolinez.

Finalmente, tal parece que le van a arrancar las puñetas de la bocamanga, lo mismico que al Capitán Dreyfus le arrancaron de la pechera el medallamen, y le desclavaron las charreteras de los hombros, y le rompieron el sable sin miramientos para deshonrarle delante del gentío… Y todo por un ErrorJudicial de los de siempre, sin mayor alcance –como casi siempre-, pero que pasó a mayores porque un tal Zola armó la que armó con una carta -¿o era un artículo?- parecida a ésta, pero compuesta con mucha mala leche, que empezaba con algo así como “Yo acuso”. Luego hicieron una película de muchísimo llorar, que dejó con el culo al aire a los que le armaron el cirio judicial que lo puso en un brete.

        ¿Qué? ¿Se va usted recordando del asunto?

        ¿Usted me entiende?

        Me pienso yo que sí.

        Pues prosigamos. Que quería yo decirle que, salvo tres o cuatro que le tienen a usted ojeriza, y otros tres o cuatro que en todavía se creen que hay que airear los cuartos cerrados para que las miasmas no se calcifique en las paredes, andan en general los de su carrera en plan rapituso[1], diciendo que esto ya no es lo que era, y que si se sacan los defectillos de los jueces al aire, el personal va a pensar que todos los jueces son igualicos.

        Como yo no tengo mucho talento que digamos, no soy yo de callarme las disipaciones y los desafueros, vengan de quien vengan, porque en mi sinrazón pienso que, aunque haya quien no se lo crea, el personal no es tonto; y por muy calladico que se mantengan las sinvergonzonerías de alguien, yo le aseguro a usted que las cosas se saben, y el vecindario confía más en un gremio cuanto más limpica mantengan su casa de gremiales deshonrosos, sin que tengan que venir los de afuera a barrerles los escupitajos de su zaguán. Por eso es por lo que siempre he dicho que lo mejor sería que no nos metiéramos a tapar a los vividores bajo la disculpa de lo que va a pensar el gentío del resto de los colegas.

        ¿Sabe usted, SeñoríaIlustrísima, lo que pensé yo cuando leí la noticia que le refería al principio? Pues que, con perdón,  anda usted un poco corto de luces. Vaya, que me está usted resultando lo que le digo al comienzo de esta carta: un tontorrón hecho a mano –y no se vaya usted por el camino de lo escabroso, que esa frase mía no va por ahí-; un tonto artesanal sin mezcla de listeza alguna, un tontorrón con botijo, un miriñaque, un tontol’haba, -aunque eso de tonto del haba no sé yo muy bien de dónde viene-.

        ¿Qué por qué?

        ¡Noooooooooooo! No se vaya usted a pensar que es por lo que dicen que hizo, y usted anda negando, como debe ser. Que, como usted bien sabe, yo defiendo a mis choricillos acondicionándolos a que nunca se confiesen culpables; que para algo está el derecho a negar aunque la parienta (o el pariente) pillen al contrario en pleno retozo de jodienda.

 Lo que usted haga o deje de hacer es cosa suya. A saber lo que haríamos los demás si alguien estuviera dispuesto a pagar el precio que cada uno le pone a su decencia. A mí, lo más que han llegado a ofrecerme fue un fin de semana en Cuenca, en temporada baja, y, como comprenderá, eso, con el frío que hace en invierno en aquellos roquedales, no es baremo para pagar lo que a una le ha durado toda una vida…

        Bueno, a lo que vamos: cuando a mí se me figura que usted es tontol’haba es por haberse dejado pillar como cualquier choricillo de fin de semana, siendo usted tan leído y opositado.

        Pero, ¡hombre de Dios! ¿No se sabía usted todas las mañas que utilizan los suyos para empitonar chorizos? ¿Cómo es posible que haya usted caído como cualquiera de los clientes habituales de su Juzgado?

        Claro. Usted, si llega a leer esta carta, -que no lo creo- pensará que la tonta soy yo por tener que seguir currándome el jamón que me como muy de vez en cuando, y no como usted, que, como una hormiguita hacendosa, debe tener dineros en reserva en cualquiera de esos sitios que están tan lejísimos, y en cantidad suficiente como para mandar a traerse el jamón de las mejores jamonerías, y hasta para pagar un propio que se lo lleve a dónde esté usted –aunque acabe usted estando en alguno de esos sitios que el Estado subvenciona con nuestros dineros de pobres diablos con miramientos estrechos como la conciencia de los justos.

        Yo, por mi cuenta, le voy a pedir un último favor: cuando se suba usted a estrados, -¡ay, qué bonico estaba el otro día defendiéndose a sí mismo como un Juez en condiciones, y no como esos zarrapastrosos que tienen que sentarse en el banquillo de los acusados por no haber querido estudiar oposiciones!-, podría usted decirles a sus colegas que no se tomen tanto brío en taparle las vergüenzas a sus colegas.

Porque así pueden taparnos mejor la boca a nosotros, el personal de a pié, que somos tan envidiosísimos. Y que, como no tenemos igualdad de oportunidades –me refiero a poder alzarle a alguien seis u ocho millones de euros- pues lo que ansiamos es que se sepa quién es quién para poder seguir creyendo como pánfilos en quien no lo es.

        ¿Querrá usted hacerme ese favorcillo?

        Y sin más que decirle, aprovecho la ocasión para testimoniarle mis respetos –es un decir-.

        Ésta que lo es y no lo olvida…

        Por cierto, y hablando de no olvidar: ¿se recuerda usted del día en que me soltó usted en pleno juicio, y delante de todo el personal, lo de que una Abogada, además de serlo, tiene que parecerlo?

Yo no lo olvido. Pero, en cuestiones de utilización de puñetas, quien manda, manda. Y se recordará SuTodavíaSeñoríaIlustrísima que me quedé más callada que una muerta cuando me dijo aquello de

 

 

 

 

 

 

Gaviola en Marineda. En un 28 de Julio de 2008

RAPITUSA: Generalmente, utilizado en femenino, decíase de una muchacha presumida, redicha y nerviosa que respondía a cualquier pequeña provocación con desaires engreídos. [De mi EXPRESIONARIO DE MÁGINA]

 

 

LAS  DOS NOTICIAS

1ª Noticia

Sobre DeUrquías, GómezDeLiaños, y algunas otras puñeterías de “Colegas”, y “coleguillas” lenguaraces, que andan tonteando por ahí.

*

EL MUNDO

Lunes, 21 de Julio de 2008. Pág. 27 ANDALUCÍA

El  juez Urquía y Roca se sientan hoy en el banquillo del TSJA.

Es el primer juicio derivado del “caso Malaya” en el que el fiscal pide tres años de cárcel para cada uno por negociar una resolución favorable al ex asesor marbellí.

[MARTA SÁNCHEZ ESPARZA]

     …La Fiscalía superior de Andalucía solicita tres años de cárcel, 19 de inhabilitación y 213.000 euros de multa para el que fuera titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Marbella, encargado de instruir diligencias de tanta envergadura como las relacionadas con la operación Hidalgo contra el blanqueo de capitales.

        El Fiscal relaciona en su escrito acusatorio el comportamiento presuntamente delictivo del juez con la compra de una vivienda…

       Según el fiscal, la amistad que Urquía mantenía con el empresario…

 

      Así, el fiscal superior de Andalucía, Jesús García Calderón, mantiene que Roca asumió el pago en metálico de 63.000 euros para la vivienda de De Urquía, que había recalado en Marbella en 2005… Roca entregó además a De Urquía otros 10.800 euros más, hasta un total de 73.800 euros, siempre por mediación de Arnaud.

 

 

2ª Noticia.

Tomada de swissinfo.ch > noticias > internacional >

 

22 de julio de 2008 - 12:47

El Tribunal de Estrasburgo sanciona a España por Gómez de Liaño

MADRID (Reuters) - España tendrá que abonar 5.000 euros al ex juez Javier Gómez de Liaño por violar su derecho a un juicio justo cuando fue condenado por el Tribunal Supremo en 1999, informó el martes el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

El antiguo juez de la Audiencia Nacional instruyó una querella contra Canal Plus y Sogecable pero fue denunciado por prevaricación por varios de sus directivos, entre los que estaba el entonces consejero delegado de Sogecable, Juan Luis Cebrián.

Gómez de Liaño acusó de parcialidad a los tres magistrados de la sala del Tribunal Supremo encargada de dictaminar sobre su caso, al considerar que dos estaban "contaminados" tras haber admitido a trámite la querella que confirmó su procesamiento y que otro guardaba una estrecha vinculación con el abogados que ejercía la acusación particular.

"No tuve un juicio justo", manifestó en Radio Nacional de España el ahora magistrado en excedencia voluntaria.

La sala del Supremo le condenó por prevaricación, y además fue sancionado, inhabilitado para cargos públicos, apartado de su puesto y expulsado de la carrera judicial durante 15 años.

El ex juez, de 60 años, recurrió primero al Tribunal Constitucional, que en 2003 le denegó el amparo, y luego ante el Tribunal con sede en Estrasburgo, por la vulneración del derecho a un juicio justo y a la presunción de inocencia, entre otras cuestiones.

El martes la corte europea dictaminó por unanimidad que hubo una violación del artículo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos sobre el derecho a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial, concediendo a Gómez de Liaño una compensación de 5.000 euros.

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PERRO NO COME CARNE DE PERRO

Ver el texto de la noticia

 

 Pero, vamos a ver, SeñorFiscalSuperior de Andalucía: ¿No habíamos quedado en que los trapos sucios se lavaban en casa y no se solean por muchas pringues, mugres y salpicaduras que tuvieran? Pues a ver: ¿qué hace usted enseñándole al personal las miserias de un ColeguillaPuñetero?

¿No habíamos quedado en que perro no come carne de perro?

Pues, ¿qué hace usted dando tarascadas a diestro y siniestro, abriéndole las carnes a uno del oficio de las jurisprudencias?

¿O acaso es que se ha abierto la veda del jurista desde aquello de lo de Gómez de Liaño y l@s PuñeterasSeñorías que lo juzgaron como Dios les dio a entender a las criaturas?

Pero, ¿no está su merced viendo lo que pasa cuando uno modernea con esa señora bisoja y cegata llamada “Justicia”?  ¿Qué qué pasa? Pues que ahora vienen otras SeñoríasEuropeas a enseñarnos a nosotros lo que tenemos que hacer, como si en este País nuestro siguiéramos sin saber dónde tenemos la mano derecha.

Y ¡hala! Todos en los papeles como si fuéramos LaBellaChelito aireando perniles…

       ¡Ay, señor! Usted lo que no tiene es ni sentido de la lealtad gremial, ni escrúpulo corporativo ni apego profesional. Porque ya me dirá usted lo que saca en limpio poniendo en sucio el nombre de ese angelico de Juez que lo único que ha hecho ha sido lo mismo que hacen muchos,  pero que no se sabe, porque no conviene en todavía sacarlo a relucir, y se guarda en los armarios desconcienciados como vestido de becaria-de-CasaBlanca amalgamado de un muy ilustre EspermaPresidencial. O lo mismo que mismamente se hacía antes, cuando los del gremio éramos lo que se debía ser, y no nos metíamos a ventear malandanzas del vecindario profesional aunque se nos atragantara en la boca del estómago un no sé qué de sonrojo ajeno. O lo mismo que harían muchos si no tuvieran tanto miedo a que salga alguien como usted y le arruine la vida y lo remita a la trena certificado y con acuse de recibo.

  Claro que, hablando de la trena, quiero yo referirle algo que ya tengo contado mil veces, pero que, allá por finales de los años 70 del siglo pasado, me metió a mí en dudas sobre los valores tradicionales y esas zarandajas que por entonces nos enseñaban.

Un cliente mío, muy extranjerísimo él por más señas, que había recalado en España a ver si eso de la democracia  recién estrenada le abría puertas para sus rentables negocios del trae-y-lleva mercancía de fumeteo desde las costas marroquíes a las andaluzas, era quien me mantenía con un poco de dignidad mi ropero, mi despensa y las medias suelas de mis zapatos que todavía se echaban por aquellos tiempos a falta de borceguíes de importación; no como ahora, con el despilfarro y el capricheo.

Bueno, a lo que íbamos: que cuando le echaron mano, a mí me entraron las calenturas tercianas pensando que el pobretico mío se iba a pasar unos cuantos meses entre rejas, con el desdoro que eso -pensaba yo- tenía que suponer para él, y el quebranto económico para mí, (que todo hay que decirlo).

        Fui yo a visitarlo a aquella cárcel que más parecía un mercadillo medieval de mejunjes y papelinas que un centro-de-reinserción, y me vestí para la ocasión de manera que se notara mi desconsuelo a la primera ojeada. O sea, con el único atuendo que tenía un poco decente.

No lo va usted a creer. Me encontré al preso pletórico, pensando que, al menos durante una temporada, podría vivir con cargo al presupuesto de un Estado… (¡Eso mismo: de usted, a quien la HaciendaPública lo tiene agarrado por las ingles de su nómina oficial, y de mí que me sale "a devolver" por no tener salario fijo!). Me decía él que por fin sería su mozuela la que fuera a verlo en lugar de tener él que molestarse en el visiteo; y que yo, como Abogada suya, o estaba ahora más “al loro” que teniéndome que compartir con mi –por otra parte- escasa clientela de las tardes de visita en mi despacho de a 2.000 pelas/mes, o no me decía dónde tenía el FondoDeReserva para casos de IncapacidadTransitoria.

-¡Ay, cómo lo siento! –dije con desconfianza a ver por dónde salía el personaje.

-¿Sentirlo? ¿Y por qué, si puede saberse?

-¡Ay! –repetí sin acabar de encontrar otra queja más expresiva-. Pues porque cuando se enteren sus amigos, su familia…, en fin, eso: que vaya vergüenza para todos…

-¿Vergüenza? Mire usted, Doña, esto, para un contrabandista ‑¡manda buebos, que diría DonTrillo, la denominación que se daba mi traficante de haschís!- es un simple AccidenteLaboral, como el de cualquier profesión. Además –y aquí viene la anécdota- si se fija usted un poco, Doña, en este país, según lo que sale en los periódicos, el personal se divide en tres clases: los que estuvieron en la cárcel, los que están y los que estarán.

Por si no lo sabe usted, SeñorFiscalSuperior-de-Andalucía, por aquellos entonces estaban los SeñoresPolíticos como desaforados, poniendo encima de la mesa las órdenes de prisión de tres generaciones  de represaliados y esas cosas. Es cuestión de modas. Lo mismico que ahora, que todos andan a vueltas con MemoriasHistóricas, buscándose cadáveres con semejanza de adeenes, ya sea en Paracuellos, ya en cualquier tapia de cementerio de PuebloRojo del 36.

Pues, lo que le decía: ¡Que qué razón tenía mi benefactor cliente! ¿No le parece a usted, SeñorFiscalSuperior?

Porque, ¿quién nos iba a decir a nosotros hace no más allá de quince años atrás que un Juez podía ir a la cárcel por el solo hecho de compatir beneficios con sus pudientes bienhechores a cambio de bienhacerles algún favorcillo que otro desde estrados?

¿O a usted no le han hecho ningún favor…?

¿Ni siquiera una recomendación para aprobar la reválida de sexto o el examen de Estado?

¡Ay, usted perdone! No me había yo percatado de que no tiene edad para tales menesteres. Que ésos eran otros cohechos a la usanza de entonces y sin mayor alcance.

Lo que le digo: que uno nunca puede estar seguro de su pasado, o del de su cuñada, o del de el bisabuelo de la cuñada de su primo…, y que por eso hay que tener una miajilla de miramiento con los de la profesión, no sea que algún  probo intolerante vaya y le saque a uno trapos sucios, los tenga o no los tenga.

Por ponerle un ejemplo, -un suponer- tengo yo un “colega” que acumula en su CurriCulo las mejores credenciales y referencias para enseñar a hurtadillas cuando alguien va en busca del abogado más redomado y tunante que uno pueda contratar. No sabía yo de sus mañas cuando me lo enfrenté en un pleito de tres al cuarto. Vaya algo así como “usted no cumplió lo que firmó, así que devuélvame la pasta entregada a cuenta y aquí paz y después gloria”. Y ellos, mis contrarios, en su inocencia tontorrona, fueron en busca del defensor más marrullero que pudieron encontrar, en su creencia de que ganar tiempo, fuera como fuera, acabaría siendo rentable, sin saberse lo que de nosotros los leguleyos nunca debiera de saberse.

¡Ángelicos míos!

¡Para qué voy a contarle! ¡Una docena de años llevan/llevamos ya de pleitos! Y aquí me tiene usted con todos los pleitos ganados, pero desentrañando, a golpe de escritos, de sudores y de “por qué no te callas”, las madejas que montó el “colega”. A ver si le engancho, finalmente, lo que mandan las sentencias y el “redomado” anda en eludir con tanta artesanía. Y ahí tiene usted a mis pobreticos contrarios, metidos en ruinas por su propio GuerrerodelAntifaz, entre pleitos y honorarios suyos, embargos míos, costas de todos, GastosSuplidos sin suplencia, trámites delirantes y loquerías sin cuento. Eso sí: el coleguilla, como tiene la boca que tiene, no vea usted lo que suelta en sus escritos. Pero lo hace entre nosotros, como debe ser; sin dar tres cuartos al pregonero y con la sola intención de arrearme a mí en la boca del estómago a ver si así pierdo pie, y se queda él con el ring y con el “din”; porque lo que es sus clientes…

 Aunque últimamente, con la inminencia de que se le acabe la paga fija de este pleito, anda él un poco más desaforado en el decir que de costumbre,  y ha encolerizado a alguien de la Magistratura que le ha metido un puntazo entre las partes de las que se duele, remitiendo uno de sus escritos al Tribunal-de-la-Inquisición-Moderna, mismamente a su oficina de usted, a ver si hay que meterle fuego por las perneras arriba, por dicharachero.

¿Qué quiere una muestra? Pues ahí van algunas perlas:

…La contraparte, en su afán marrullero y embaucador… (Ay, que de mis artes embaucadoras no era yo consciente.)

se ha precipitado vorazmente a romper el silencio… (¡Toma castañas! No sabía yo que uno podía devorar silencios con tan voraz apetito).

…Es obvio que no se pueden pedir peras al olmo. (Mira: en eso lleva razón, y tendrán que reconocer conmigo que en cuestiones horteras –me refiero a cosas de labranza, de frutales y de hortelanos- está bien enseñado el “colega”, aunque, a primera vista, su afirmación sea un poco simple. Es como si dijéramos que un alcornoque no puede dar otro fruto que bellotas para cebar lechones. ¿O no?).

La retorcida imaginación de la contraparte, de acreditada experiencia en el manejo del engaño y las artimañas procesales, ha llevado a cabo en esta nueva ofensiva pseudo-jurídica tal despliegue de despropósitos y atrocidades que invitaría más a la hilaridad que a la indignación si no fuera por la burla y menosprecio que tal actitud implica contra la Administración de Justicia.

¡Para que luego digan que una es una blandengue! ¡Ahí quería yo ver a mi niño estrujándose los sesos para ponerme en autoestimas a golpe de carcajada!

…La desquiciada maquinación que se articula a través del escrito de la contraparte, incapaz de solventar su iliquidez económica… (¡Uy! En eso también lleva razón. ¿Me habrá puesto un expía? Porque lo mío es efectivamente ilíquido. ¡Vaya! Que es gaseoso como una pedorreta)

…y rentabilizar, multiplicándola por cien, la “inversión” realizada en una opción de compra amañada por el propio optante, sin reparar en medios para ello, buscando con el engaño la complicidad judicial…

¡Más quisiera yo! Como si lo de complicidarte con un Juez fuera algo tan sencillo para una Abogada de a pié como yo, sin práctica ni CurriCulo, y sin expías que echarse a la boca para que me pongan a tiro  a los pocos Señorías que se dejan complicidar…!

…o, lo que es lo mismo, induciendo al Juzgador a PREVARICAR para conseguir sus sórdidos propósitos…

Eso de “PREVARICAR” es lo que no ha debido caer bien en el Juzgado, y lo que me ha metido en dudas sobre el talento del “colega”.

Y a usted,  que sabe tantísimo de acusaciones y esas cosas, ¿Qué le parece?

No, si a mí también se me amontonaba antes la sangre en las orejas y me ponía de los nervios con las cosas del colegaCurriCulado. Para que vea como es cierto, le contaré que, en un momento de insolidaridad corporativa semejante a la que a usted le ataca ahora con el Juez, cuando dos o tres ColegasDelGremio me estaban diciendo “ya- sabes-cómo-es-de-borde-ese-muchacho…”, yo me encerrilé y les dije a quemarropa:

- ¿Borde? Menos sutilezas, mozuelos. Ése, una de dos: o es un loco o es un sinvergüenza.

Verá usted, SeñorFiscalSuperior-de-Andalucía: se pusieron como poseídos:

   …Que si eso no se dice de un compañero…  (¡Alto ahí! –respondió una servidora. De “compañero”, nada de nada. Co-profesional y va que chuta).

…Que si los trapos sucios se lavan en casa…

…Que si perro no come carne de perro…

¿Ve usted?

¿Es como yo le decía al principio de esta carta?

En público no se debe decir nunca ni la verdad, ni lo que se piensa, porque hay que guardarle las vergüenzas a quienes no la tienen si, por uno de esos casuales de la vida, alguien como mi “coleguiYa” -o como su Juez- coincide en el listado de promoción de uno mismamente y le ensucian la colada.

Mire: eso de comer todos del mismo plato, con cucharada y marcha atrás, nos obliga a no envenenar el condumio para no perecer con el enemigo.

Y no se me preocupe usted ni se me escueza, que la vida es sabia; y, antes o después, el enemigo deslenguado acaba mordiéndose su propia lengua y la palma de puro emponzoñamiento propio.

Para su tranquilidad le recordaré el título de un antiguo libro (¿o era un novelón de RadioMadrid?) bastante consolador: “El criminal nunca gana”.

¿Qué por qué se lo digo?

Pues, en realidad, por lo que pasó después de que se disolviera aquella reunión de Colegas en la que se me ocurrió decir lo que pensaba de mi Co-fradeLeguleyeril.

Uno a uno.

¡Todos!

Vinieron, eso sí, uno por uno, como a escondidas y en privado,  a decirme algo así:

No, si yo, y todo el personal de la profesión, pensamos igualico que tú.  A “ése”, por negarle, debieran negarle hasta el saludo. Pero, mujer, eso no se dice a gritos y delante de gente; que luego todos somos iguales… En lo que ya no estoy contigo –me dijo uno mejor enseñado que los demás- es en que sea un “loco” o un “sinvergüenza”. Los locos son locos, pero no tontos; y siempre se puede pactar con ellos en algún momento en que entran en lucidez. Los sinvergüenzas, son sinvergüenzas, pero no tontos; y siempre se puede llegar a componer estropicios con ellos, aunque sólo sea cuando entran en la lucidez de reconocer que han perdido la partida y te guiñan el ojo a ver si se pueden repartir ganancias antes de perderlo todo.

Ése, mi-querida-Colega, -me dijeron palabra arriba, palabra abajo-lo que es de verdad es un TONTORRÓN con certificado y marca de fábrica. Y con un tonto hecho a mano no hay quien pueda entenderse.

¿Y qué se hace con un tontorrón? –pregunté yo en mi tontorrona inocencia.

Pues… -me dijo el perito en tontos-: lo mejor es “leña al mono”,  “estacazo y tentetieso”,  zanahoria p’a’l burro… Hacer como si no existiera, y no perder ni un segundo del escaso tiempo que tenemos con semejantes seres especímenes.

Y, aplicando la anécdota a su Juez,  SeñorFiscalSuperior-de-Andalucía, ¿a usted qué le parece? ¿No será que el Juez para quien usted pide semejante encierro no fue sino un tontoÚtil en manos de verdaderos sinvergüenzas que no tenían ni miajita de locos?

¡Ea! ¡Venga ya! No saque usted a la plaza pública las comprensas de esta mala menstruación con la que se amagan partos fracasados.

¡Un poco de discreción corporativa, puñetas!

¿He dicho puñetas?

No; si ahora va a resultar que le tengo querencia a las puñeterías…

Y es que, como dicen mis Colegas, PerroNoComeCarne-de-Perro!

¿Qué por qué no me callo?

Pues porque siempre aprovecho para desfogarme hablando cuando no tengo enfrente ninguna PuñeteraSeñoría que se empeñe en callarme, diciendo que allí, el único que tiene algo que decir es ell@, aunque no tenga ni puñetera idea de qué va la vaina del problema y del dolor en el que anda hurgando como si de verdad entendiera de dolores más que de leyes.

 

NOTA DE LA GUIONISTA: VozRegia en OFF a ritmo de salsa caribeña:

 

 

 

 

 

 

 Gaviola en Marineda. En un 22 de Julio de 2008.

 

 

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RESUMEN Y COMENTARIOS

 SANTIAGO TARÍN - 

Barcelona  - 05/07/2008

 El tribunal razona que no es posible defenderse de acusaciones anónimas 

Actualmente permanecen imputadas trece personas en este asunto, si bien todas están ya en libertad.

La Audiencia ordena revelar la identidad de las mujeres que abortaron con Morín-

La Audiencia de Barcelona ha ordenado a la juez que instruye la causa de los supuestos abortos ilegales que levante totalmente el secreto de las actuaciones y facilite a los abogados los nombres de las mujeres que interrumpieron sus embarazos en las clínicas del doctor Morín, en un auto en el que vierte críticas a la actuación de la magistrada y le recuerda que es la tercera vez en que le indica cuáles son los límites del secreto sumarial. El argumento del tribunal es que un acusado no se puede defender de las imputaciones que se le formulan si no sabe quién las hace. El pasado mes de diciembre, tras una querella presentada por E-Cristians, la juez intervino las clínicas del doctor Morín que practicaban interrupciones de embarazo y detuvo a este facultativo y a varios de sus colaboradores.

 

COMENTARIOS

De Himena Hidalgo

Hola Soco

¡Hacia tiempo que no me reía tanto! (Aunque el tema sea muy serio).

¡Es tan claro tu razonamiento que cae por su propio peso. Pero estos señores tan cerriles, que se las quieren dar de modernos, no saben que hay un umbral de intimidad que nunca se debe traspasar, a cuenta de las desgracias ajenas.


Ya me gustaría a mi que hablasen con conocimiento de causa y pusieran su nombre en las listas, para dar ejemplo a todos, como cuando están en campaña política.

Es inadmisible, tomarse a "cachondeo" este tema tan serio, por aquello de la igualdad.

¿Saben ellos lo que es abortar? ¿Saben ellos qué calvario se ha de pasar, aún cuando todo “vaya bien”? ¿Saben ellos qué se siente, cuando  ha sido, producto de una violación? ¿Saben ellos lo que es sentir que tienes que desprenderte de algo cuyo significado sólo conoces tú?

Sabes darle chispazo de humor a algo muy serio y  que creo que se debe seguir escribiendo y  no dejando que esta gente tan cerril, vaya diciendo a boca llena, que son demócratas y hacen estas cosas por el bien de la mujeres.

¿No será, que no quieren que esas madres, hermanas, amigas si estaban pensando en abortar, no lo hagan, por aquello de la lista en el tablón de anuncios de su pueblo?

Un beso

 
 

SUPONGAMOS QUE…

Por Mª Socorro Mármol Brís

Abogada

Mediadora Familiar

 

Llevaba yo una temporada mas bien tranquilica y sin sobresaltos cuando, sin comerlo ni beberlo, me he vuelto a poner de los nervios con lo que anda diciéndose en los periódicos. Y es que, cuando me mientan lo del aborto, me entran escalofríos. Pero si además andan de por medio seres tan desemejantes como Jueces, Abogados y Fiscales, los que una servidora, como leguleya que es desde hace años, conoce  el entramado del percal que visten, entonces ya sí que me entra un torozón[1], porque las entrañas se me dividen entre lo de ponerme de parte de mis coleguiYas los Juristas, o penerme a repartir sostrazos entre el personal puñetero hasta que renuncien a meter sus narices en las oculteces de mis otras coleguiYas, las mujeres, quienes, por otra parte, no es que se hayan comportado conmigo, pues más de un novio que me han alzado a lo largo de la vida las muy gurruminas.

A lo que me refiero es a esa noticia de que los SeñoresMagistrados de la Audiencia de Barcelona le han cantado las cuarenta en bastos a la SeñoraJuezaInstructora que, sin respeto alguno por la femenina condición de propensión al chismorreo a pesar de ser Jueza  y no Juez, fue y decretó el secreto sumarial sin permitir que mis ColeguiYasAbogados se ilustraran con la relación de nombres de MisColeguiYasMujeres, esas que un mal día decidieron darse un garbeo por la clínica abortista del DoctorMorín para aligerarse de las resultas de sabe Dios qué circunstancias más o menos genitales con frutos de parto a nueve meses vista y maternidad de CadenaPerpetua.

Como cada vez que me divido en dos, la primera en sacar a pasear sus petulancias ha sido la SocoJurista.

-Pues yo –me he dicho mirándome  a los ojos frente al espejo de manera desafiante- si estuviera en el papel del AbogadoDefensor que ha pedido que se cuelguen los nombres de las abortistas en el tablón de anuncios para poder desempeñarse en su tarea, ten por seguro que hubiera hecho lo miso. Y si no, mira cómo los Puñeteros de la Audiencia, que por algo son un grado puñeteril más alto que la JuezaInstructora, le ha dado la razón al AbogadoPregonero.

La cara que se le ha puesto a MiOtraYo  no me ha gustado un pelo porque, hablando de ídem, a LaSocoSoco se le nota el pelo de la dehesa a distancia. Vamos, que está sin desasnar y sin esperanzas de estarlo. Puesta en jarras, y con las piernas abiertas para afianzarse bien en su posición, me ha espetado:

 -¿Me puedes explicar por qué koines[2] tienen que pregonarse ahora los nombres de las criaturicas que se echaron a atajar por la trocha del aborto por las razones que fueran?

  -Mira, hija: tú sabrás mucho de acelgas, de cómo se hace el jabón de sosa o de cómo ahorrar un centimico miserable en la cesta de la compra, –le he dicho con condescendencia-, pero, lo que es de Derecho, no tienes ni koinetera idea. Porque si una es AbogadaDefensora, y se cree de verdad eso que dice la Constitución de que todos, hasta los peores criminales, tienen derecho a la defensa, pues tienes que valerte de lo que sea para defender a tu cliente, que bastante tarea tiene con estar frente a todo el aparato del Estado, Fiscales, Policías, Acusadores…

 -¡Eh, eh, ehhhhhhhhhhh! Para el carro. Ya que mientas derechos, ¿qué me dices del derecho que tienen todos los acusados a no declarar contra uno mismo, eh?

 -Mira, ahí tendrías razón, SocoSoco, si no se te olvidara un detalle de primera categoría: que la JuezInstructora, sensible ella a los percances de las mozuelas, les alzó a las PresuntasAbortistas lo de “presuntas”, y las convirtió de ese “acusadas” que las tenía en un ay, en TestigosProtegidos, con lo que se les acabó la bicoca del “derecho-a-no-declarar-contra-sí-mismas” para transformarse en  “obligadas-a-decir-verdad” bajo pena de incurrir en delito contra la Administración de Justicia.

 -¿Y se puede saber qué ventajas tiene lo de ser TestigoProtegido?

 -Pues eso… -(reconozco que ahí me ha pillado la SocoSoco)- que estás protegido en el momento del juicio por un biombo que no le permite a los acusados verte el body.

 -¡No me digas! –se ha regodeado desde el espejo la SocoSoco puesta en jarras-. ¿No será más bien que impide a la TestigoProtegida verle la cara de cachondeo a los que tienen más derechos que la miserable testigo pecadora?

 Esta SocoSoco no tiene enmienda. Cuando se pone a ser ella, no consigo que entienda lo que hemos avanzado en garantías dentro de esta profesión nuestra. Así que he optado por dar la conversación por cerrada sentenciando, aunque no muy convencida:

 -Pues yo, si fuera AbogadaDefensora de alguno de los acusadOs en este caso, pediría lo mismo que ha pedido mi ColeGa: la lista del cuerpo del delito que ahora son TestigAs como rezan los papeles.

 ¡En mala hora me metí en tal maraña!

Ha sido echarme a dormir la siesta cuando  mi conciencia se ha vestido de pesadilla haciéndome sudar hasta dejar la almohada para dar de beber a mil sedientos sin necesidad de mucho estrujón.

En sueños, se me ha aparecido una idea desencarnada que, apuntándome con su falange puntiaguda, me ha espetado:

 Supongamos…, que ése  “Colega” tuyo que tuvo la genial idea de publicar la lista de las pecadoras, no es él, sino tú mismamente.

 -Supongámoslo –he admitido embobada en el duermevela, creyendo que me caía del cielo la expectativa de minutarle honorarios a un cliente nuevo de los que ando tan escasa habitualmente.

 Supongamos…, –decía ahora la aparición- …que, al meter tus narices de SherlockHolmes de tres al cuarto en los listados del gentío abortista, ves escrito el nombre tu hermana, que ya sabes cómo se las gasta pregonando violaciones contra las acreditadas urgencias fallidas de su legítimo.

 -¡Uy! -Me he revuelto inquieta aunque firme en mi condición de AbogadaLegalista-. Si es que hasta hace dos días estaba en la Ley lo del DébitoConyugal, y no se puede desorientar así al personal masculino convirtiendo el débito en violación. ¿No crees?

 Supongamos…, puestos a suponer, -ha seguido ignorando por completo mi razonamiento- …que ves allí escrito el nombre de tu santa madre.

 -¡Un respeto!, –he saltado-. A Ella, ni mentarla para estos quehaceres, que ella era una santa. –La sombra no me ha hecho ni caso y ahí es donde me he echado a sudar como segador en mitad de barbecho andaluz en el mes de agosto.

 Supongamos que…, el nombre de tu madre, para más irrisión y mojiganga de los que no tienen entrañas, está en la lista de las víctimas del mal hacer de cualquier abortero que no sabe rematar la faena como mandan los dioses. (Dios me libre de meter al Dios de verdad en estos berenjenales; no sea que a la SantaInquisición se le remuevan las cenizas. Y las tenazas de despedazar herejes confesos para librarlos del infierno…).

 La imagen que se me representaba por boca de mi pesadilla me ha empezado a escocer en las ingles de la duda cuando le he preguntado a mi mal sueño:

 -No me irás a decir a estas alturas que soy ni más ni menos que un aborto fallido ¿verdad?

 Supongamos que lo fueras, y que lo descubres husmeando en los listados que mandaste traer a…, ¿cómo se dice? ¿Estrados?

 Entenderán que algo tenía que decir. Que tenía derecho a defenderme frente a semejante pesadilla. Por eso he contestado como he contestado:

 -Pues mira: si fuera cierto que descubro ser un aborto, eso me confirmaría en que fue un acierto pedir semejante prueba. Porque rebuscar en las miserias de los demás acaba igualándote con ellos, lo cual que te sirve de consuelo. Además –he seguido- todos tienen derecho a saber sus orígenes, y…, y… y…

 ¿Y?

-Y que de no haber tenido la iniciativa de pedir el listado, nunca me hubiera enterado de que vivo gracias a que aquella carnicería no prosperó. ¿O no?

No, si contestaciones nunca le faltan a una AbogadA…

 *   *

¡Menos mal que era un sueño! Un mal sueño.

En cuanto me he despabilado, -recuérdenme que les hable otro día de la equívoca polisemia de la palabra “pabilo”- he saltado de la cama como un cohete y me he ido directa al espejo a consultar con mi Otrazo, y a contarle lo que me había pasado, a ver si, entre las dos, nos aclarábamos y a mí se me aligeraba la desazón.

 -Oye, SocoSoco, ¿a que no sabes lo que he soñado? Pues he soñado que era AbogadaDefensora de un-no-se-quién acusado de practicar abortos, y que, mirando en las listas de las abortantes que yo mismamente colgaba del entablado, descubría que yo, -y tú en lo que a ti te toca-, no éramos otra cosa que las migajas de un aborto fracasado.

  -¡Anda ya!

 Que sí. Que me empieza a parecer que algo de razón llevas en eso de que, cuando alguien se pone a hablar de cosas de mujeres, debiera entender de lo que dice.  Y que si además ese alguien es un “alguien”, como mi ColeGa o como los SeñoresMagistrados, y no una “álguiena” (que diría nuestra leída y escribida BibianaAído, Ministra de Igualdad por más señas, que anda igualando ella epicenos -o epi-coinos[3]- con miembras mejor o peor compuestas), pues no me extraña que las sudores acosen algo más que la sobaquina femenil.

 -¡No me digas…!

 -Porque, ¡vamos a ver! ¿Por qué coinos  tienen que opinar los Miembros sobre lo que deciden las Miembras a la altura de sus propias entretelas por mucho que a ellos les “ponga” indagar profundidades…? Mejor debieran “operarse” antes de sembrar nabos a destiempo, ¿no?

 ¿A que no saben lo que me ha contestado, palabra arriba, palabra abajo, la SocoSoco? Pues me han dicho:

 -¡Pero mira que eres irracional, sectaria, visceral y cambiante!

 Yo aguanto cualquier cosa que me digan porque soy consciente de mis eventuales carencias de talento. Pero lo de “visceral”, estando a lo que estábamos, me ha aguijoneado por dentro de una manera que casi me tiro al moño del reflejo de mi sombra.

 -Pues, ¿sabes qué te digo? –He dicho-. Que esto lo publico yo.

 La pobre, cuando se ha enterado de que pensaba sacar semejantes majaderías oníricas al tablón de anuncios, ha tratado de convencerme con sus mejores argumentos para que no ande como siempre poniéndome en evidencia.

Y cuando, cansada de mi cerril porfía leguleyeril, se ha convencido de que acabaría una vez más haciendo el memo, me ha vuelto la espalda al otro lado del espejo mientras gritaba:

 -Mira, pedazo de idiota…

 

 

 

 

 

        

 Mª Socorro Mármol Brís

Maestra Nacional. Abogada. Mediadora Familiar


[1] Palabra recogida en el <EXPRESIONARIO DE MÁGINA> (Inédito) en la forma que se transcribe.

 TOROZÓN: Enritación; enfado, irritación; soponcio, síncope.

 “...Con la discusión apunto estuvo de que le diera un torozón”.

·  Mal de barriga, (cólico), que les da a quienes beben agua demasiado fría cuando se tiene una calorina o un tabardillo.

·  Mal de barriga, (cólico), que le da a quien come más de la cuenta, sobre todo si es fruta y verde.

o   REMEDIOS: como la acepción principal en la Comarca era la de la desazón causada por una irritación muy fuerte, se utilizaban flores y hojas del tilo en infusión entre otros.

[2] Ver escrito  <¿POR QUÉ KOINES NO?

[3] EPIKOINOS: común. De donde deriva EPICENO, o nombre utilizado tanto para el masculino como para el femenino.

 

 

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RESUMEN y COMENTARIOS


LA NOTICIA: Abril 2008.

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía acaba de condenar a la que fuera Jueza de Motril, Adelina Entrena, a "un año de suspensión de empleo o cargo público que implique el desempeño de la función judicial por haber mantenido en prisión a José Campoy durante 455 días, a pesar de haberlo absuelto. Se da la circunstancia de que la Condenada difícilmente podrá cumplir la pena impuesta ahora, pues fue expulsada de la carrera judicial ya hace algún tiempo. Sin embargo, si ella no lo hace, el Estado, como responsable civil subsidiario que ha sido declarado, tendrá que correr con los gastos de la indemnización a la que ha sido condenada la Sra. Jueza como responsable civil.

MIS DUDAS:

¿Por qué será que se nos van los dineros entre los dedos en pagar desafueros impunes y luego nos falta presupuesto para prevenir esos desafueros?

¿Por qué será tan del revés este mundo nuestro en que los que debieran estar detrás de las rejas, andan haciendo de las suyas por esas calles de Dios, y los que debieran estar en la calle andan entre rejas?

¡Menos mal que esta vez el error  se paga con la bolsa y no con la vida...! Aunque, claro, al tal José Campoy le han alzado 455 días de su vida.

 

2008/12/Abril

¿QUIÉN PAGARÁ EL DESAGUISADO?

  ¿Que quién es ese tal “JoséCampoy” del que hablan los periódicos?
Un DonNadie; un pelafustán, un “pelanas”, un “PresuntoCulpable” con maneras de gandul, un politoxicómano…, con un grave trastorno  adaptativo" -Peritos dixit- al que era preciso apelotonar en la cárcel, aunque sobre él pesara la pena de ser inocente, siquiera fuera para mantener las calles limpias de esos seres con pintas de facinerosos, que van metiéndole el miedo en el cuerpo a las personas de bien cuando esa gente tiene derecho a que, los que puedan, les libren, al precio que sea, de la presencia de los “presuntos” que merodean con su miseria.
¿Que quién es AdelinaEntrena? ¿Esa que ligan al nombre del Presunto anterior?
¡No, por Dios! Ella es una “Doña”. Una encumbrada, distante, severa y empuñeterada “SeñoríaIlustrísima”. Alguien que, sin duda, debió alguna vez esforzarse y quemarse las pestañas durante largos y tenaces meses, aprendiéndose artículos, códigos y leyes que le abrieran las puertas de los gloriosos estrados, desde los que, con la tan garantista independencia judicial como sueldo fijo, poder administrar -y malgastar- a su manera, la poca o mucha justicia que en cada momento arrojara el saldo de su cuenta corriente justiciera. (¿Potestas o autorictas?)
A JoséCampoy lo llevaron una mañana esposado a presencia judicial, mismamente, a presencia de la DoñaAdelinaEntrena, quien, encaramada en lo alto de la tarima desde la que la Ley mira por encima del hombro a los “presuntos”, sin acabar de verlos por esa maldita venda que se empeñan en sujetarle con un nudo corredizo en la nuca, sufrió el mismo soponcio que debió acometer a PoncioPilatos, porque no acabó de ver claro que aquel sujeto fuera culpable de nada a pesar de las esposas y de las malas pintas que se gastaba el personaje. Y lo absolvió sobre un papel mal que bien llamado “Sentencia”, pasando inmediatamente a lavarse las manos manchadas por la tinta de una amargada pluma “ciros”, rancia, indigente y agobiada por las prisas.
Claro que una cosa es una firma en los papeles y otra muy distinta el perder los papeles olvidándose de ellos en algún cajón vacío de presteza, en el que el tiempo hace de las suyas.
Dicen los que lo vieron por aquel entonces que el tal JoséCampoy se desgañitaba en las estrecheces del patio carcelario, o detrás de los barrotes repintados de gris-mugre del “chabolo”, voceando su inocencia, sin que nadie le echara cuentas a lo que decía o se parara a oírlo. A fin de cuentas, en las prisiones todos tienen tanto tiempo que perder que lo pierden en vociferar más de la cuenta; y todos dicen lo mismo: que no le salen las cuentas de sus condenas y que son inocentes -a saber si es verdad o mentira-; porque, para que algo sea verdad, se necesitan papeles; lo que cantan son los “papeles”, y el PresoCampoy no llevaba papeles encima cuando volvió del Juzgado. Alguien debió olvidarse de que Campoy era una realidad no penada; y a la Juzgadora DoñaAdelinaEntrena se le olvidó mandar los papeles absolutorios a la prisión. O, a lo mejor, los envió, pero alguien se olvidó de leerlos; -¡qué se podía escribir sobre el JoséCampoy! O, a lo mejor nadie pensó que, cuando no hay condena, es necesario un papel que diga que hay que poner en la calle al inquilino del Estado.
No ando yo muy enterada de cómo se descubrió que lo que decía sobre su inocencia el muy majara del JoséCampoy era la verdad pura y dura. Lo cierto es que un buen día pasado de fecha, alguien que andaba en no perder tiempo, descubrió -dicen que fue un FuncionarioCarcelero de esos que “funcionan” todavía- que el muy gandul, por una infeliz desgana de su Jueza o de quien fuera, llevaba ya 455 días viviendo del cuento, comiendo y durmiendo por cuenta del Estado -que somos, mismamente, todos los que, como usted y como yo, cotizamos como ciudadanos “paganinis”-. Vamos, que le estuvimos dando posada gratis sin que él tuviera derecho a semejante dispendio, y encima él se puso quejicoso. Y todo porque, entre otro personal al servicio del Estado, la despistada “SuSeñoríaIlustrísima” estaba, como estamos muchos, a lo suyo, metida en complicaciones propias, en desamores y en depresiones, en bajas laborales y en no sé cuántas otras mandangas que le hicieron olvidarse de que con las cosas de comer–-de los demás- no se juega. Y menos con la libertad de alguien, aunque ese “alguien” tenga pinta de “lo-que-no-es, pero-lo-parece”.
Menos mal que para eso están los Tribunales de Justicia: para corregir desmanes de “adestiempos”. Hace apenas unos días que un Tribunal le ha cascado a la “Doña” una sentencia de chupa de dómine: un año de suspensión de empleo o cargo público que implique ¡el desempeño de la función judicial!
¡No te digo!
Y digo yo: ¿Alguien en ese Tribunal se apercibió de que también ellos están llegando tarde con su condena? Porque, si  SuSeñoríaIlustrísima es ya una “ex”, que fue expulsada hace más de un año de la carrera judicial, ¿cómo va a cumplir ese año de condena? ¿Era preciso lo de la suspensión de un empleo o cargo público cuando es público y notorio que ya no hay cargo público que llevarse a la boca?
No, si yo, como soy lo que soy y ejerzo de lo que ejerzo, sé por dónde van los tiros; algún delito había que escribir sobre un papel para poder endilgarle lo de la indemnización. Pero el personal de la calle, que no sabe de sutilezas y gatuperios legales, se pone de los nervios con esas cosas tan
Bueno, a lo que vamos. Si no me equivoco, un año tiene 365 días. Lo digo porque, comparados con los 455 días que el “presunto” estuvo en prisión por la cara, arrojan un saldo a favor del “causante” de tanto descalabro igual a 90 días, lo cual que sería un flagrante agravio comparativo con la condena impuesta a la Doña -pienso yo- si no fuera porque la “Ex-ExcelentísimaSeñora”, administrativamente, ya fue penada a cadena perpetua al perder su carrera por los siglos de los siglos…, con lo que otra vez se me desequilibra la balanza, y esta vez a favor de SuSeñoríaOlvidadiza. La verdad es que, llegados a este punto, no me aclaro con los saldos.
Claro que no es éste, sino otros, los saldos que a mí me irritan, y aquí es a donde yo quería llegar. Porque también han condenado a la Ex-SeñoraPuñetera a indemnizar al galopín injustamente trabado con 103.000 uros, que hacen un total de 226,37 €/día, lo que tampoco es tanto teniendo en cuenta la rareza que supone esa escasa mercancía llamada tiempo-de-vida.
Pero, -entre nosotros- lo más grave es que los Señores Jueces han declarado “responsable-civil-subsidiario” nada menos que al Estado; es decir: a usted y a mí y a todo el personal que hace declaración de la renta, y a los que no la hacen pero carecen de lo que debiera tener, y tendríamos que darles si no tuviéramos que gastarnos el presupuesto en responder de desaguisados de tanto zángano holgazán, distraidillo y roncero como los que van saliendo últimamente del fondo de algunos armarios  judiciales.
(Recuérdenme otro día, cuando hablemos de las mujeres que la están palmando a manos de esos PresuntosAlejados que andan sueltos porque no hay presupuesto para buscarlos ni jueces con tiempo para ocuparse de ponerle los malos humos en cuarentena, que nos ocupemos de eso que el Derecho Penal llama “cooperador necesario” de un crimen, por si, deLegeFerenda, fuera aplicable a quienes caen en la omisión del deber de evitarlo con la diligencia debida).
La DoñaCondenada, después de intentar durante el juicio quitarse de encima su adeudo echándole las culpas al vecindario de mesa de su Juzgado, entre otros, ya ha anunciado que va a recurrir esa sentencia que la condena por una “ImprudenciaGrave” cuando –-dice- técnicamente, y en puridad legal -¡no te digo!- es una imprudencia simple.
¡Hace bien SuExSeñoríaIlustrísima! La Ley está para lo que está y los recursos -de dilación- para dilatar la agonía procesal hasta aburrir la desvergüenza indagatoria de los majaderos que no saben de leyes. Y quien no lo entienda, que haga oposiciones y se sacuda la ignorancia en escuelas de pago si les llega el presupuesto.
Los periódicos–-hacen bien también- últimamente están que echan humo haciendo apresurados recuento de atrasos, retrasos, injurias, incurias y desganas forenses. Y un clamor de “yo-no-he-sido” inunda los honorables espacios de esta España nuestra como si fuera un interminable y oportunista juego del escondite.
Mientras tanto, el JoséCampoy, que no tiene muchas luces para entender más allá del hecho concreto de que le “alzaron” 455 días de vida al aire libre, anda dando la matraca, y ha llegado a mis oídos que dicen –-eso me lo estoy inventando en este mismo momento- que, frente a semejante jerga leguleyeril y mediática como la que se ha levantado en corrillos, Tribunales, tribunas, periódicos, bufetes y mercadillos, anda el pobre mío en un “ay”, y no hace más que decir: ¿pero es que nadie va a taparle la boca a toda esa tropa para que pueda hablar yo ahora que me toca por una vez en mi vida?
Los que lo quieren bien le aconsejan que “lo comido por lo servido”, y que él, a cobrar y a callar, no sea que alguien más por encima, o algún MachoCabrío a la busca de chivo expiatorio, quiera ensañarse en su persona aprovechando esas malas pintas de facineroso de medio pelo que se gasta; y si alguna vez, en un arranque de lucidez se empeña en seguir preguntando que qué hizo él para merecer que le dieran techo y comida gratis al módico precios de 455 días de vida, -que, por otra parte, parece ser que es su único patrimonio- aún hay quien le dice:
Pero, a fin de cuentas, ¿de qué te quejas, so acémila? ¿Cuándo te has visto tú con tanta fama, tantos abogados, tantas gentes de bien ocupándose de ti, y tantos dineros en el bolsillo ¡Anda ya!
Y digo yo: si a SuExSeñoríaIlustrísima, como es de prever, no le alcanza el sueldo para pagar lo único que queda ya por pagar en este negocio del que tantos están sacando dividendos, ¿quién va a pagar esta vez el desaguisado?
Alguien que me quiere bien a mí, me dice: “Mira, deja que los que entienden se ocupen de poner orden y no te metas tú en berenjenales. ¿No ves que llevas todas las de perder?
(Hablando de llevar las de perder, recuérdenme que un día les hable de mis desventuras con un Abogado-de-sí-mismo, que me trae a mal traer desde hace más de ¡DIEZ! años, persiguiéndome sin tregua a querella campante -¿o era “a carallo campante[1]?-, por haber cometido el crimen de defender como Abogada-por-cuenta-ajena a su exmujer, cuando el jacarandoso mozuelo la tenía inflada a la pobre mía, y tuvo que salir por pies desde Andalucía, camino de los Madriles, para librarse de la quema. Lo malo es que los Tribunales, por si acaso, como andan sobrados de tiempo, escuchan estoicamente su verborrea, aunque luego me absuelvan a mí y lo condenen a él al pago de unas costas que nunca paga porque hace tiempo que se colocó en tan documentada como acomodada insolvencia y no hay quien le enganche un centimico).
Total que, volviendo a lo que estábamos, desde que me metí en esto de meter baza en lo que no me importa,  hay muchos que intentan disuadirme de esta manía mía de preguntar y de poner por escrito lo que no debó; pero yo, erre que erre:
-Pero si es que, así, nunca va a haber presupuesto para mejorar el cotarro de lo de la Justicia
-¡Bueno, y qué?
-Pues que
-Mira, pedazo de idiota
     
 
 
 
 
  
 Mª Socorro Mármol Brís

 

[1] "A carallo campante" frase hecha en gallego, cuyo sentido es fácil de deducir si se tiene en cuenta que "carallo" es la denominación del miembro viril; que "campante" significa "gozoso", "jubiloso",  "alborotado", "bravío"...  Aunque, personalmente, prefiero definir la locución con los primeros versos del Poema de Espronceda “La Canción del Pirata": "Con cien cañones por banda/ viento en popa, a toda vela...".

 

   
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LA NOTICIA: Una niñita murió a manos de un hombre condenado por abusos  a menores, y que se encontraba en libertad porque el Juzgado que debía ejecutar la Sentencia no lo hizo.

¿De verdad que hay que callarse?

 

 

 

La muerte infame de una niñita

 

Mari Luz murió a manos de un indeseable

mientras todos nosotros estábamos de parloteo inútil

justificando lo injustificable.


Ahora parece que todos tenemos algo que decir para acallar

culpables silencios y cobardes tolerancias...

 

¿No ves que ha muerto una niñita

y todos nosotros

somos algo culpables de su muerte?

     Cada vez que guardábamos silencio ante una felonía, ante una injuria, ante un maltrato, estábamos matando un poco a todos los que mueren cada día a manos de los necios. Ahora ya no es tiempo de rasgarse las vestiduras, ni de decir que "todo el peso de la Ley...", o "que quién le devolverá su honor...", o que "...guardaremos en nuestro corazón vuestro dolor..."

     Porque ¿quién de nosotros le devolverá la vida a Mari Luz?

Mejor nos callamos

A menos que estemos dispuestos a colaborar en los avances de la dignidad tomando, si es preciso, posturas impopulares.

M. Socorro Mármol Brís

 

 

   

   

 

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